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BERLÍN 2018 Berlinale Special

Pernille Fischer Christensen • Directora

“Si no hubiera sido por Pippi, no me habría hecho cineasta”

por 

- BERLÍN 2018: La danesa Pernille Fischer Christensen habló con Cineuropa sobre Becoming Astrid, presentada en la sección Berlinale Special

Pernille Fischer Christensen  • Directora
(© Erik Molberg Hansen)

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: una cinta sobre la juventud de la legendaria escritora para niños Astrid Lindgren, encarnada por Alba August.

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Cineuropa: Astrid Lindgren no fue únicamente una escritora; fue un icono. Sin embargo, no te fue fácil convencer a la gente de que su historia merecía ser contada.
Pernille Fischer Christensen:
 Cuando intentábamos cerrar la financiación, no hacía más que oír que nadie quería ver una película sobre la maternidad. “No nos parece muy comercial”. Eso me lo dijo una mujer. Ahora bien, ¿de qué va realmente El renacido [de Alejandro González Iñárritu]? De un padre que ha perdido a su hijo. Sin embargo, se ve de una manera totalmente distinta. Para las mujeres cineastas, hay una diferencia entre las historias que queremos contar y las que podemos contar. Llevo en esto más de 20 años y es posible que, por fin, esté cambiando. Espero realmente que así sea, también por la cuenta que trae a mis hijos.

Yo soy de una generación que creció con los libros de Astrid pero no sabía nada sobre ella. ¿Tú sí?
No, tampoco conocía esta historia. Hace algunos años, leía el periódico y me encontré con una foto de Astrid sujetando la mano de su hijo. Decía: “Astrid y el pequeño Lasse en Copenhague”. Pensé: “¿Qué hacen allí?” Más tarde, compré un libro sobre su vida para mi madre. En él vi una foto de una mujer joven muy frágil y hasta deprimida. Empecé a indagar de dónde venía ese dolor. Parecía completamente introvertida y esa no era la imagen que yo tenía de Astrid Lindgren, así que empecé a leer sus cartas y los libros sobre ella. Traté de dar con su esencia.

Aunque su embarazo extramarital resultó un escándalo en su época, muestras aquí que recibió mucho amor por parte de su familia.
Escribió, de hecho, un libro sobre sus padres. Su padre esperó a su madre durante cinco años, de lo enamorado que estaba. Antes de que él muriera, dijo: “¡Qué madre tan maravillosa tuviste!” Ella vio cómo se tocaban sus padres, leyó sus cartas de amor. No creo que habría podido escribir con semejante calidez si no hubiera habido ese amor en su casa.

Astrid hablaba mucho de su infancia porque, obviamente, le sirvió de inspiración, pero no hablaba tanto sobre tener un hijo y creo que podemos entender por qué. No es algo que uno comparte así, sin más, con la gente. Se hizo famosa cuando Pippi Calzaslargas se convirtió en un éxito pero eso fue 20 años después del momento en que está ambientada esta película. Ella no podía saberlo cuando tenía 16 años. Una vez dijo que, si no hubiera sido por Lasse, probablemente habría sido escritora igualmente pero no se habría hecho famosa en el mundo entero. Ella sabía que esta experiencia, por dolorosa que fuera, tuvo su importancia a la hora de escribir sus historias. 

En los biopics, la gente suele mostrar de manera muy explícita a los artistas. ¿Evitaste deliberadamente semejante exposición?
En cierto modo, sigo haciéndolo. No se trata de una ecuación matemática. No es como si viera un caballo y, de repente, ¡pum! Mete un caballo en su libro. La cito sin parar y sugiero cómo algunas cosas entraron en su obra pero intento ser sutil. No quería secuestrar a nadie. Era importante hacer la historia mía. Intenté que todo el proceso permaneciera tan abierto como fuera posible y, para ello, necesitaba una buena actriz. Astrid Lindgren era única, muy inteligente y muy empática. Vimos a miles de chicas que querían ser ella pero me daba cuenta de que no iba a poder hacer esta película con una aficionada. Encontramos a Alba en la escuela de teatro. Ella sabía que se trataba de una exploración y una búsqueda de una verdad sentimental. Ella pensó como una verdadera artista.

En Becoming Astrid, volviste a trabajar con Trine Dyrholm. Hace años que os conocéis, ¿verdad?
Llevamos trabajando juntas desde la universidad. Cuando la conocí, ayudaba a Tomas Gislason con el montaje de El elemento del crimen. Nunca había trabajado con actores antes. Me daba muchísimo miedo. Lo único que quería hacer era esconderme en el baño y echarme a llorar. Un día, la vi en un programa de televisión y pensé: “Quizá debería hacer algo con esta chica”. A veces pienso que Trine fue quien me enseñó cómo dirigir a un actor, que me enseñó cómo transmitir.

¿También te marcó la obra de Astrid cuando eras una niña?
Yo soy de Dinamarca pero mi padre trabajó de joven como médico y a veces tenía que ir a Suecia. Antes de los 11 años, pasaba cada verano en Småland. No había televisión, ni iPad, ni agua caliente. Era una vida de lo más sencilla. No tenía a nadie con quien jugar, así que mi madre y yo leíamos libros, lo que nos llevó a los mayores problemas de la vida: la muerte, el amor, la familia y el género. Si no hubiera sido por Pippi, no me habría hecho cineasta. No había muchos modelos en aquella época. La Cenicienta era lo único que teníamos. En Suecia, cuando la gente tiene que tomar una decisión importante, pregunta: “¿Qué diría Astrid?” Sus historias tuvieron un impacto profundo en mí. Pasé mucho tiempo con ella; es una pena dejarla ahora, pero es hora de seguir adelante.

(Traducción del inglés)

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