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BIOGRAFILM 2018

Anna de Manincor • Directora

“Un lugar de privilegio absoluto, de investigación pura”

por 

- La directora Anna de Manincor, del colectivo ZimmerFrei, nos habló del documental sobre el CERN, Almost Nothing, que tras ser premiado en Nyon se proyectó en el 14º Biografilm de Bolonia

Anna de Manincor • Directora

Después de recoger un premio el pasado mes de abril en el festival Visions du Réel de Nyon, el documental Almost Nothing [+lee también:
tráiler
entrevista: Anna de Manincor
ficha del filme
]
, del colectivo boloñés ZimmerFrei, celebró su preestreno en Italia en el 14° Biografilm Festival, que se celebra entre los días 14 y 21 de junio. Dirige esta coproducción italo-franco-belga sobre la Organización Europea para la Investigación Nuclear (que llegará a los cines transalpinos de la mano de I Wonder Pictures) Anna de Manincor. Con ella hablamos de la labor de esta enorme comunidad científica, de sus importantes descubrimientos y también de sus fracasos.

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Cineuropa: Más que en los éxitos, la película parece centrarse en un estado perenne de búsqueda, a veces frustrante. ¿Tal era tu idea inicial?
Anna de Manincor: Al principio, entrevistando a físicos e investigadores, nos parecían todos demasiado entusiastas u optimistas, así que profundizamos más, insistimos en que nos contaran los momentos difíciles. El contenido de la película no es el descubrimiento que revoluciona la concepción del mundo sino todo lo que ocurre el resto de los días, cuando nada se descubre, cuando se lleva a cabo un trabajo igualmente necesario. Para nosotros es un poco difícil comprenderlo: un dato negativo también es un resultado, una teoría descartada; para ellos, es un avance científico. La película cambió mucho a lo largo de los cuatro años que estuvimos haciéndola. Aprendimos que no había que buscar guion en los personajes sino que lidiábamos con enfrentamientos y conflictos: hay personas que trabajan en experimentos a 20 kilómetros de distancia y solo se ven en la cafetería durante la hora para comer. La tensión del film, la contraposición es más bien con el mundo externo, donde se buscan resultados inmediatos. El CERN es un lugar de un privilegio absoluto, de investigación pura, donde todo aparece como suspendido.

Antes de descubrir algo, en efecto, pueden pasar décadas.
Uno de los temas en los que queríamos profundizar era precisamente ese: ¿cómo hacen miles de personas para trabajar conjuntamente en un proyecto durante décadas? Hay gente que podría, en toda su vida laboral, no ver nunca los resultados de sus propias investigaciones. En su optimismo general, hay un cierto sentido de melancolía, de realismo, un sentido del tiempo y de la inmaterialidad de lo que hacen. Lo que estudian es qué puede haber ocurrido una milésima de segundo después del Big Bang, el nacimiento del universo, a través de estos reveladores que son tan altos como edificios de siete plantas y permiten observar el momento de la colisión entre partículas.

¿Cómo os acercasteis a este mundo aparte?
Llegamos a esta cinta tras un viaje, como colectivo ZimmerFrei [en el que también están Massimo Carozzi y Anna Ruspoli, ndr], de otras seis películas, un proyecto sobre las “ciudades temporáneas”, esto es, retratos de lugares muy distintos entre sí en los que tiene lugar una transformación: Marsella, Copenhague, Budapest… Esta película también es una mirada a una forma de vivir un espacio. El desafío era representar este lugar de manera distinta y elegimos presentarlo a través de la comunidad de personas que trabajan en él, mediante un retrato colectivo de gente que comparte un mismo propósito. El CERN es una auténtica ciudadela; más bien, dos ciudades superpuestas: la que está en la superficie, de tipo industrial, con edificios de varias épocas, no especialmente bonita, y otra más fascinante, 100 metros bajo tierra, donde se encuentra un túnel de 27 Km donde se aceleran los protones Hemos disfrutado de un año de parón en los experimentos entre 2015 y 2016, así que pudimos filmar donde queríamos, aunque en general no hay áreas que estén fuera de nuestro alcance. No es como la NASA, vaya.

La soledad del investigador y la capacidad de admitir los propios errores son otros temas interesantes del film.
Los físicos teóricos, en sus cuartillos llenos de papeles, trabajan en la especulación pura y dura; son como filósofos: pueden sacar adelante una teoría durante quince años y luego ver cómo queda desmontada en un instante. Después, sin embargo, bajan a la cafetería y se encuentran con docenas de personas: informáticos, ingenieros, técnicos… que los miran en los ojos y les preguntan: ¿pero qué estamos haciendo aquí abajo, detrás tuyo? Es una llamada de la realidad muy fuerte. En cuanto a los errores, no hay ningún problema en confesar que “nos hemos equivocado” en el CERN. Cuando tuvo lugar el accidente del 2008 [una fuga de helio del sistema de refrigeración de un acelerador, que lo mantuvo cerrado durante dos meses, ndr], cualquier empresa comercial habría cortado cabezas; aquí, sin embargo, la cuestión es cómo repartir y utilizar el desastre para mejorar las prestaciones, sin esconder nada al mundo.

Después de haber descubierto el World Wide Web, el CERN puede colgarse otra medalla por haber dado vida a la primera girl band que apareció en Internet.
Sí, son Les Horribles Cernettes, por el acrónimo en inglés del acelerador de partículas LHC (Large Hadron Collider). La primera imagen no científica que se mandó por red fue la suya, que marcó el origen absoluto del uso personalizado de Internet, antes de Facebook, Instagram, Myspace… Elegimos contar esta historia porque, por aquella época, ni siquiera ellas se habían percatado del alcance de aquello. Cuando un colega suyo les dijo que había visto su foto en Internet, se preguntaron cómo diablos era posible. Ese momento, visto 25 años después, te da la idea de las cosas que han ocurrido mientras tanto.

(Traducción del italiano)

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