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PELÍCULAS Italia

Crítica: Io sono Tempesta

por 

- Marco Giallini es un hombre de negocios con unos escrúpulos inversamente proporcionales a sus dosis de talento condenado a un año de servicios sociales en la “obra bufa” de Daniele Luchetti

Crítica: Io sono Tempesta
Marco Giallini en Io sono Tempesta

Daniele Luchetti es conocido y amado en Italia por sus primeras películas, que tan bien interpretaban a través de la sátira los cambios políticos, las crisis generacionales o los dramas sociales. La primera fue Mañana sucederá, producida por la Sacher de Nanni Moretti, quien luego interpretaría La voz de su amo en 1991. Luego vinieron Mi hermano es hijo único [+lee también:
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y la memorable La nostra vita [+lee también:
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, que compitió en Cannes en 2010 y que valió a Elio Germano el premio al mejor actor. Con Io sono Tempesta [+lee también:
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, producida por Cattleya con RAI Cinema y estrenada hoy en los cines italianos por 01 Distribution, el cineasta romano afronta los temas del capitalismo esquizofrénico y los desequilibrios sociales pero con una ligereza inédita, casi de fábula, con un tono de “opera buffa”, como él mismo define el film. 

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La chispa parece que la encendió la condena por fraude fiscal de hace algunos años contra el antiguo primer ministro y multimillonario Silvio Berlusconi, que tuvo que prestar servicios sociales en un instituto de asistencia a los ancianos de la periferia lombarda. El guion, obra de Luchetti con Sandro Petraglia y Giulia Calenda, abandona el personaje público para crear uno nuevo, al que da vida Marco Giallini (The Place [+lee también:
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).

Numa Tempesta (nombre que se hace ecos de uno de los siete reyes de la Roma antigua) es un hombre de negocios de poquísimos escrúpulos y gran talento que gestiona un fondo de inversión de 1500 millones de euros. Vive en un gigantesco hotel deshabitado que es propiedad suya. Allí se mueve entre coches de juguete, futbolines y maquinitas y es atendido en camas enormes y suntuosas por tres prostitutas cultas y simpatiquísimas llamadas “las Radiantes”.

Justo en plena conclusión de un importante negocio en Kazajistán, sus abogados lo informan de que debe cumplir un año de servicios sociales por una vieja condena por evasión fiscal. Al cabo de pocos días, lo veremos llegar al centro de asistencia a vagabundos al que ha sido asignado en un Maserati, acompañado por su chófer y vestido con uno de sus trajes a medida. El choque con la dogmática directora (Eleonora Danco) es inmediato. Sin embargo, con los marginados que frecuentan el instituto establecerá Numa lentamente un vínculo. “Yo nací pobre y ahora os enseño a haceros millonarios”. Un joven padre (Elio Germano) y su hijo (el expresivo Francesco Gheghi) quedan particularmente fascinados por el hombre de negocios, quien, entre tanto, sufrirá el abandono de sus accionistas y tendrá que buscar una solución a su declive económico. 

A pesar del carácter coral del reparto, Marco Giallini, indudablemente competente y cómodo en su personaje, sostiene sobre sus hombros el peso de la película, hasta en sus momentos menos conseguidos. La tragicomedia que se relata, no obstante, cuenta con varios puntos de reflexión y de diversión despreocupada, sin llevar el golpe hasta las profundidades, como Luchetti nos tiene acostumbrados en su cine.

(Traducción del italiano)

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