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KARLOVY VARY 2018 Competición Documentales

Crítica: L’Île au trésor

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- KARLOVY VARY 2018: Guillaume Brac se sumerge con delicadeza en el corazón de un centro recreativo de la región parisina. Un regreso a la infancia plagado de encuentros fugaces y profundos

Crítica: L’Île au trésor

El verano es una estación que significa vacaciones incluso en las zonas urbanas, donde se respira una atmósfera de relajación y se aspira a resguardarse del sol y del calor. Guillaume Brac ha dedicado dos películas a este periodo que favorece la relajación de la rutina, la reflexión y la expresión de los sentimientos: una ficción, Contes de juillet [+lee también:
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, estrenada fuera de competición en Locarno el año pasado, y el armonioso documental L’Île au trésor [+lee también:
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, que acaba de estrenarse en competición en la 53ª edición del Festival de Karlovy Vary, días después de su estreno en Francia de la mano de Les Films du Losange. Un díptico tan original que se ha grabado en el mismo lugar, el centro recreativo Cergy-Pontoise…

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“-No sé si habrá por aquí tesoros -dijo-; pero apuesto la peluca a que hay fiebre”. Guillaume Brac deja entrever la temática de su documental con esta cita de Robert Louis Stevenson y con el título de la cinta, calco de la célebre novela del autor escocés: será una aventura a través de la mirada de un niño. Niños y jóvenes cobrarán protagonismo a lo largo del documental, desde el grupo de adolescentes que intenta colarse en la piscina porque no tiene dinero para pagar el ticket, hasta el grupo de jóvenes que intenta seducir con más o menos éxito, pasando por la multitud instalada en la playa o los que se dan un chapuzón entre gritos de alegría y juegos. Y se divierten saltando del puente, aunque esté prohibido,  mientras los socorristas no miran. Para unos, se trata de un momento transitorio, de una excursión apacible y feliz fuera de la rutina; para otros, la isla se ha convertido en un paraíso terrestre plagado de recuerdos, como le ocurre a Jérémy, el guapo monitor de hidropedal, que inicia a dos chicas veraneantes en facetas desconocidas de la isla, después del cierre; y que evoca con un guiño de nostalgia el arte de esquivar las rondas de guardias cuando era pequeño. La isla no es salvaje y los empleados, atentos y profesionales, controlan este territorio de libertad.

L’Île au trésor invita a sumergirse en la serenidad, como en una especie de baño amniótico del corazón en una mezcla social igualitaria: pequeños hombrecillos escalan una colina como si asaltasen una montaña, una familia afgana y un vigilante nocturno guineano cuentan su historia de exilio, una joven promete emociones fuertes desde lo alto de una columna, partidas de paddle en el crepúsculo y el interior de una pirámide construida en medio del estanque (“¡Es mágico!”). Un simple (pero no simplista) mosaico casi sociológico en un paraíso perdido popular que cierra sus puertas al final del verano, y donde la cámara fija y los planos largos del cineasta penetran sutilmente y llegan a lo más profundo del espectador, confirmando el talento que ya ha demostrado Guillaume Brac.

L’Île au trésor ha sido producida por Nicolas Anthomé (Productor en el Move 2018 de la European Film Promotion – ver entrevista) para bathysphere, que gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del francés por Carolina Benítez)

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