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KARLOVY VARY 2018 East of the West

Crítica: Breathing into Marble

por 

- KARLOVY VARY 2018: El sombrío declive de una familia marca un prometedor debut para la cineasta lituana Giedrė Beinoriūtė

Crítica: Breathing into Marble

Basado en una novela de la autora lituana Laura Sintija Černiauskaitė, Breathing into Marble [+lee también:
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, es el debut de Guider Beinoriūtė en el mundo de los largometrajes. Un sombrío análisis de una familia que está al borde de un precipicio, y del pequeño que entra a sus vidas y amenaza con ser quien los empuje al el vacío. El filme se estrenó internacionalmente en la competición East of the West de Karlovy Vary.

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Una adinerada pareja de clase media, Izabelė (Airida Gintautaite) y Liudas (Sigitas Sidlauskas), vive en el campo con su joven hijo, Gailius. Cuando Izabelė logra convencer a Liudas para que adopten a Ilja (Joris Baltrūna), este callado y reservado niño de seis años del orfanato se hace parte de sus vidas. Pero pronto queda claro que Ilja no encaja en este nuevo mundo. A medida que el matrimonio de Izabelė y Liudas continua deteriorándose, se toma una fatídica decisión que llegará a perseguir a la familia por muchos años.

Desde el comienzo, en el filme existe la sensación de que ocurrirá una tragedia inevitable, lo que genera una atmósfera oscura y perturbadora en la primera mitad de este. Sin duda alguna se puede comparar (aunque de manera muy simple) con Tenemos que hablar de Kevin [+lee también:
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de Lynne Ramsay, que no solo tiene un niño cuya presencia amenaza el estado actual de las cosas, no solo para la familia sino también para la sociedad en general, pero también presenta la idea de que existe una gran cantidad de autoengaño por parte de los padres. ¿Es Ilja quien acaba con la familia debido a su conducta? ¿O es acaso a este a quien lo “infecta” el deterioro de la relación entre Izabelė and Liudas? Deterioro que incluye resentimiento sin resolver e infidelidad.

Beinoriūtė juega con los temas de varios géneros de cine en este filme, los escenarios rurales crean una sensación de separación y de aislamiento, y gracias a Audrius Kemežys se cuentacon una cinematografía poderosa y audaz en donde a los individuos se los enmarca detrás de puertas o a través de ventanas para resaltar su distancia emocional. Pero mientras el matiz de thriller psicológico está muy presente, la película todavía tiene sus bases en el realismo gracias a la interpretación de un matrimonió que fracasó.

Todas las actuaciones son buenas, en particular, la del joven Baltrūna en el papel del todavía más joven Ilja. Su personalidad callada y retraída y sus ojos inquisitivos resultan inquietantes pero conservan un poco de inocencia y también algo de pérdida. Es una actuación muy valiente, y se podría decir que el actor es una revelación.

La segunda mitad del filme, la cual involucra un salto hasta un momento después de un incidente fatal, quizás no resulta tan buena como la primera, ya que el enfoque de la trama pasa al drama doméstico y pierde algo de esa energía nerviosa que envolvía la atmosfera al comienzo. La pérdida de Baltrūna (debido al salto que da la trama, un actor mayor toma el papel de Ilja) afecta profundamente al filme.

Sin embargo, con este prometedor debut, Giedrė Beinoriūtė se posiciona como una directora a la cual vale la pena seguir de cerca. Uno podría decir que con seguridad la veremos frecuentemente en los circuitos del festival.

El filme fue producido por Just A Moment (Lituania), Aning Film (Croacia) y Mistrus Media (Letonia).

(Traducción del inglés por Javier Campos)

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