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MÚNICH 2018

Crítica: Family Idiots

por 

- Este film de Michael Klier sobre la familia, proyectado en Múnich, es un relato lleno de humanismo, sutilmente conmovedor por su forma compleja de ir a lo esencial

Crítica: Family Idiots

La conocida premisa de la reunión en la casa familiar de hermanos y hermanas adultas que ahora tienen vidas diferentes da resultados variables, pero el quinto largometraje de Michael Klier, Family Idiots, prestrenado mundialmente en el Festival de Múnich, en la sección de nuevo cine alemán, es una variación verdaderamente lograda de este tema.

En esta cinta, tres hermanos —el mayor, un clarinetista clásico, de convicciones firmes, un poco moralizante (Kai Scheve), el mediano, Bruno, un investigador idealista con inquietudes humanitarias, siempre atento a los problemas para encontrar soluciones (Florian Stetter), y el pequeño, un jazzman de vida bohemia (Hanno Koffler)— vuelven al lugar donde crecieron y donde siguen viviendo sus dos hermanas porque la mayor de estas, Heli (Jördis Triebel), va a casarse. Cada uno tiene sus frustraciones y neurosis. A veces, ellas se pelean, y ellos no siempre están de acuerdo, pero son hermanos y hermanos, y a pesar de los años y la vida que cada uno tiene en el exterior, para ellos es muy fácil estar juntos, pues se conocen tan bien, se quieren tanto y están tan unidos como cuando eran niños. Esta sintonía queda eficazmente ilustrada por el motivo de la promiscuidad, a través de gestos y contactos conmovedores por lo absolutamente íntimo e inocente, incluso infantil, desde las broncas hasta los besos. 

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Y luego está Ginnie (Lilith Stangenberg), la pequeña hermana autista a la que siempre han tenido que cuidar. Y sin embargo, aunque todas sus vidas hayan estado en gran parte marcadas por la preocupación constante por protegerla, en cierto sentido, es ella quien les "enseña", como dice uno de los hermanos. El plural del título y la evidente referencia a Los idiotas de Lars von Trier —más allá del título, la estructura es depurada (una cámara, la ausencia de música aparte de la que tocan los personajes), y la inocencia predomina hasta en las escenas más directas (que no llegan a ser crudas)— sugiere en efecto que es Ginnie quien tiene razón. Es ella quien les ha acostumbrado desde siempre a no juzgar, a ser más atentos e indulgentes ante la complejidad de los sentimientos humanos y sus expresiones, a ver más allá de las reacciones espontáneas (las suyas propias ante los contactos físicos, por ejemplo, que unas veces busca y otras rechaza, constituyen una paleta muy universal).

Y mientras que nos paseamos con la cámara al hombro de Patrick Orth, como si fuéramos uno más de la familia, una sucesión de escenas íntimas de todo tipo entre hermanos y hermanas (diálogos que van del choque a la confesión, recitales instrumentales, momentos individuales... ), nos invade toda esa delicadeza y esa complejidad de las emociones, toda esa benevolencia; por ello, cada escena es verdaderamente bella y enternecedora, sobre todo esa en la que Bruno se mete en la cuna de Ginnie, para ver cómo es sentirse enjaulado, o esa otra escena maravillosa en la que todos se ponen a bailar juntos mientras que los hermanos músicos tocan.

El conjunto queda realzado e imbuido de un gran afecto por las logradas interpretaciones de los cinco actores (merece especial reconocimiento la labor de Stangenberg, pues su papel es difícil). Salimos del film quedamente conmovidos por todo el amor y la humanidad que contiene. 

Family Idiots fue producida por el realizador a través de su compañía, Michael Klier-Film, en coproducción con almost famous UG. La distribución en Alemania estará a cargo de Zorro Film.

(Traducción del francés)

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