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NIFFF 2018

Crítica: Cutterhead

por 

- Rasmus Kloster Bro debuta en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Neuchâtel con una cinta claustrofóbica

Crítica: Cutterhead

El director danés Rasmus Kloster Bro se decantó por el Festival Internacional de Cine Fantástico de Neuchâtel (NIFFF, por sus siglas en inglés) como marco para el prestreno de su primer e intrigante largo, Cutterhead [+lee también:
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. En liza por el premio HR Giger "Narcisse" (Competición Internacional), la cinta, que fue bien recibida en el Marché du Film de Cannes, juega perversamente con los miedos primarios de los espectadores. 

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Tan sencilla como implacable, la historia que narra Cutterhead despierta determinados instintos y sensaciones incómodas que casi parecen salirse de la pantalla. Atrapados entre el deseo de salir corriendo y la necesidad de saber cómo termina la historia, los espectadores sufren junto con los personajes, a quienes les gustaría poder ayudar. 

Todo comienza con una visita rutinaria a la obra del metro de Copenhague. Rie —la chica de relaciones públicas a cargo de la promoción de lo que parece un ejemplo perfecto de colaboración europea— se adentra en la construcción para entrevistar a algunos de los campeones de esta maravilla. Animada por la posibilidad de marcharse con buenas historias, a Rie no parece preocuparle los espacios cerrados que la esperan... y puede que algunos claustrofóbicos lo pasen un poco mal, obligándose de forma masoquista a ver la película hasta el final.

Como se sugiere desde el principio, la supuesta perfección tecnológica que Rie debe promocionar oculta una realidad mucho menos brillante. Entre los albañiles ilegales y las maniobras arriesgadas, la obra parece haberse adueñado de sus invitados, como una víctima a punto de rebelarse ante sus torturadores. De repente, lo que ya parecía un espacio confinado se convierte en una auténtica prisión. Rie, Ivo, un minero croata, y Bharan, un albañil eritreo, tendrán que compartir lo impensable: agua, aire, angustia y locura, así como la esperanza de ser salvados de lo que resulta ser un incendio muy peligroso. 

Las limitaciones cinematográficas que impone el espacio se transforman gracias al director en insólitas oportunidades, como la de explorar las mentes de tres personajes con diferentes experiencias y valores. No contento con reducir el espacio de los tres personajes al mínimo, Rasmus Kloster Bro les obliga a refugiarse en sus propios cuerpos, apiñados en el último destello de esperanza que albergan en su interior. Y así, perdidos en lo profundo de sus seres, Rie, Ivo y Bharan experimentan los límites de su humanidad, divididos entre el instinto de supervivencia y la angustia por las implicaciones posiblemente fatales. Acorralados por esta fatídica situación, Rie y Bharan, los únicos supervivientes de un drama de proporciones catastróficas, parecen convertirse en monstruosos fetos, impulsados por el puro instinto. 

En Cutterhead, Rasmus Kloster Bro trata de destilar la propia esencia de la humanidad. Una esencia con un olor embriagador y nauseabundo que parece flotar entre las vendas asépticas, blancas e inmaculadas de los supervivientes. Un film perturbador que pone hábilmente a prueba nuestros límites y nos obliga a reflexionar sobre una realidad poco halagüeña. 

Cutterhead fue rodada con el apoyo del programa New Danish Screen del Instituto de Cine Danés. Es una producción de Beo Starling  cuyas ventas internacionales gestiona LevelK.

(Traducción del italiano)

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