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PELÍCULAS España

Crítica: No quiero perderte nunca

por 

- Alejo Levis introduce, a través del fantasmagórico empleo de imagen y sonido, al espectador en la mente de una mujer enfrentada a un profundo dolor

Crítica: No quiero perderte nunca
María Ribera en No quiero perderte nunca

El segundo largometraje de Alejo Levis tras Todo parecía perfecto lleva por título No quiero perderte nunca [+lee también:
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, una de las frases que se escucha al principio del film de boca de una de sus protagonistas. Dicha manifestación de deseo encierra un hondo significado en el film, pues éste se articula alrededor del sentimiento de pérdida y la aceptación o no de ésta.

El guion, escrito por Levis, presenta a una pareja formada por Paula (María Ribera, que estrenará en septiembre Las distancias [+lee también:
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, de Elena Trapé, última gran triunfadora en el Festival de Málaga) y Malena (Carla Torres), quienes se han ido a vivir a la casa donde habitó la familia de la primera. Es un lugar en medio del campo, una mansión grande, oscura y repleta de esos objetos que han llenado una existencia. Una mañana, Paula recibe una llamada telefónica del geriátrico donde está internada su madre y un torbellino de recuerdos, emociones, promesas incumplidas y contradicciones se apoderarán de su mente… y de la del espectador. 

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Pues el director quiere que el público experimente esos mismos sentimientos de su protagonista, que se niega a aceptar el dolor e irá pasando por distintas fases del duelo, desde el pánico a la negación: lo logrará Levis a través de la interpretación entregada de Ribera, del uso de la imagen (captada siempre con luz natural) y sobre todo del sonido: la banda sonora compuesta por Nico Roig engrandece la atmósfera arrebatada, inquietante y fantasmagórica de esta película arriesgada, difícil y valiente. También las canciones de Nuu, Santiago Latorre y Ensemble Topogràfic potencian ese estado onírico, incluso pesadillesco. 

Aunque habrá momentos que el film parezca del género fantástico (ahí está cierto paralelismo iconográfico con la alabada A Ghost Story, de David Lowery), y otros que recuerden a Ingmar Bergman o Robert Altman, No quiero perderte nunca transita cómoda por cierta lírica y algo de demencia, logrando una sensación de extrañeza, desubicación y claustrofobia que sólo se diluye al final, cuando, reviviendo lo mejor de la convivencia con el ser amado, se aprende a decirle adiós.

Rodada en escenarios naturales del Ampurdán (Cataluña), No quiero perderte nunca es una producción de Life & Pictures. La película ha participado en la sección Zonazine del Festival de Málaga – Cine en Español 2017 y en el D’A de Barcelona. La distribuye Begin Again Films.

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