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"Las actrices actúan en el presente en lugar de actuar en el pasado"

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Benoît Jacquot • Director

Fabien Lemercier

02/02/2012 - ¿Cómo adoptar un tono moderno en una obra histórica? El director de Adiós a la Reina , película a concurso que ha abierto la 62ª Berlinale, responde a esa y otras preguntas.

Benoît  Jacquot • Director

En su 20° largometraje, Adiós a la Reina [+lee también:
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, con el que abrió la competición de la 62ª edición de la Berlinale, Benoît Jacquot ha conseguido contar la caída de la realeza en Francia en 1789 con un punto de vista moderno. La prensa internacional pudo conocer de primera mano sus métidos en una rueda de prensa celebrada en la capital de Alemania.

¿Cómo abordó la fase de escritura de esta adaptación de la novela El adiós de la reina, de Chantal Thomas?
Benoît Jacquot: Para mí, lo importante de un guión, aunque trate un periodo alejado en el tiempo, es poder reflejar todo lo que filmo y todo lo que pido a los actores con la mayor cercanía posible a la realidad del espectador actual. Todo lo que es anecdótico y profundiza en la intimidad de los personajes y las situaciones en que se desenvuelven otorga una presencia y una vida a las cosas que nos las acerca, por mucho que ocurrieran hace siglos. Sucede lo mismo más o menos con la música. Con esta ya van varias las películas en las que he trabajado con Bruno Coulais. Tenemos una forma un tanto particular de trabajar: la música se compone antes del rodaje. Es una parte casi orgánica de la película que quiero hacer. Antes de plasmarla en la obra suelo tener ya una idea de cómo va a ser la música, cuáles serán su lugar y sus tiempos. Le doy mucha importancia.

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¿Cómo ha logrado que se vean tan modernas las interpretaciones del reparto femenino en una historia de 1789?
Depende de cómo se rueda y se acoge a las actrices, de sus ocurrencias; se trata de evitar que entren en un mundo salido del pasado, aunque lleven vestidos y estén rodeadas por decorados de otro tiempo. Intento que sientan que no hay una ruptura entre el momento histórico y lo que tienen que representar. Todo ello repercute hasta en la forma de filmar y encadenar las escenas. Trato de conferir un sentido de evidencia a las cosas de modo que estas suceden de un determinado modo porque tenían que suceder así: igual que como cuando uno vive en el presente. Las actrices actúan en el presente en lugar de actuar en el pasado. Por eso la película da esa impresión de contemporaneidad. Hay dos maneras de hacer películas históricas: desde un punto de vista historiográfico, como un anticuario, lo cual puede ser muy hermoso, centrándose en mostrar el pasado como un mundo en sí mismo, o, como es mi caso, tratando de llevarlo a la pantalla con la mayor actualidad posible, sin anacronismos. Me transmite mucho que Léa Seydoux, Diane Kruger y Virginie Ledoyen actúen no como si estuvieran embutidas en sus vestidos, disfrazadas, camufladas, sino como si lo hicieran llevando puesta una prenda normal suya en ese momento.

¿Qué papel ha desempeñado la belleza a la hora de escoger a las actrices?
La belleza no es sino el esplendor de la verdad. Puede sonar afectado pero fue Platón quien lo afirmó. Lo que espero de las actrices, más allá de su belleza, es que sean auténticas y, por tanto, que su belleza sea auténtica, porque, al contrario de lo que muchos piensan, el cine es un instrumento de la verdad, no de la mentira.

En la pantalla usted muestra a un rey débil. ¿Lo hizo así conscientemente para concentrarse en los personajes femeninos?
Me pareció importante que Luis XVI apareciese como un personaje indeciso, torpe, casi burgués (lo llamaban "el gran burgués" en aquella época), que tuviera ese aire inmaduro como si fuese un personaje incompleto, apenas esbozado. Por ello, en su gran escena con Diane, su sencillez y su bondad pueden sorprender. Interpretar no es la actividad principal de Xavier Beauvois, un director por lo demás de reconocido prestigio, pero quise que estuviera con nosotros. De hecho, también están en la película Noémie Lvovsky y Jacques Nolot, por lo que hay un total de tres cineastas. No es casual: sus papeles piden en cierto modo una puesta en escena, por parte de ellos mismos o del mundo que habitan. En el caso del rey, que encarna Beauvois, no caben dudas. La señora Campan (Noémie Lvovsky) se encarga de dirigir el entorno de la reina y Nolot, que interpreta a un noble en los pasillos, es un poco como un director con un ataque de pánico.

El año 2011 ha visto el fin de reinos y dinastías en todo el mundo. ¿En qué medida le ha influido este contexto?
Ese es prácticamente el tema de la película. No es una influencia siquiera; la película gira en torno a eso. Soy un aficionado en lo que concierne a los finales de los reinados. Salvando las diferencias entre las proporciones y las perspectivas de acontecimientos en lugares y situaciones distintos, los reinos acaban de forma parecida. Los que tienen el poder se agarran necesariamente a él, sea cual sea su ideología o clase social. El final, sobre todo los días previos al final, los días de pánico ante el veloz naufragio, tienen rasgos comunes desde la noche de los tiempos y podemos identificarlos. Para la historia de Francia y Europa, esos tres días de la historia de Adiós a la Reina han sido absolutamente decisivos.

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