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"Odio las barreras, pero me gustan los contrabandistas"

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Bertrand Mandico • Director

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- VENECIA 2017: Cineuropa entrevista a Bertrand Mandico, que presenta su primer largo, Les garçons sauvages, en la 32ª Semana de la Crítica Internacional

Bertrand Mandico  • Director
(© L Kurtz/Settimana Internazionale della Critica)

Bertrand Mandico, que cuenta con una prolífica trayectoria en el cine experimental, con 40 cortos y mediometrajes en su haber, presenta su primer largo, Les garçons sauvages [+lee también:
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, en la 32ª Semana de la Crítica Internacional del Festival de Venecia. Cineuropa habló largo y tendido con el autor francés sobre la provocación, los temas de género y sus múltiples influencias.

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Cineuropa: ¿Cómo fue la experiencia de rodar tu primer largo?
Bertrand Mandico:
Estaba acostumbrado a que fuera como un esprint, y tuve que aprender a afrontarlo como si corriera una maratón. Pero evidentemente, toda la experiencia que acumulé realizando mis cortos y mediometrajes me ayudaron a afrontar mi primer largo y todos sus desafíos sin sentir (demasiado) pánico o frustración.

Ante todo, el formato del largo implica el placer de poder trabajar de manera intensa con tus actrices y actores. Tuve la suerte de poder rodar con actrices excepcionales y tejer una historia densa y fascinante con ellas... Pero la dificultad, al menos en el caso de mi método, reside en crear una banda sonora completa y compleja para un formato tan largo, ya que yo no grabo el sonido durante el rodaje.

¿Por qué decidiste abordar temas de género?
Quería ofrecer a las actrices los papeles que nunca les ofrecen: los de chicos violentos, encantadores, atractivos, exasperantes, ambiguos. Creo que los intérpretes, y sobre todo las actrices, deberían tener más a menudo la oportunidad de encarnar a personajes del género opuesto, sin que el guion se regodee en este hecho, simplemente por el disfrute del papel y de la interpretación. Odio las barreras, pero me gustan los contrabandistas, hombres y mujeres que traspasan alegremente los límites sin la preocupación de pertenecer a un grupo determinado.

¿Crees realmente que una isla de hedonistas es el lugar idóneo para reformar a adolescentes?
No creo en los "beneficios" del castigo. La principal fuente de inspiración de la isla fue Pinocho —la isla en la que niños ávidos de placeres se transforman en burros—, así como la isla de Circe de la Odisea, en la que hombres que se ceban a drogas y otros placeres son convertidos en cerdos.

Así que imaginé una isla llena de placeres (a veces crueles), pero evité la idea de transformaciones punitivas. En mi historia, la transformación causa confusión, abriendo nuevas perspectivas. Cuando era adolescente, solía soñar con ir a una isla en un estado constante de metamorfosis, en la que todo el mundo cambiara de sexo cada seis meses...

¿Disfrutas llevando al límite las barreras pequeñoburguesas a través de la provocación?
No tengo la sensación de estar provocando al espectador, sino más bien cuestionándolo, moviendo los punteros del proyector cinematográfico en direcciones poco convencionales. Por encima de todo, trato de suplir mis deseos como espectador, creando una historia de aventuras híbrida con elementos de confusión, erotismo y esoterismo.

No me gusta mucho la idea de un cine moral que sea cínico o que dé lecciones. Mis personajes son románticos, ambiguos, sensibles y crueles. Tienen aventuras en mares turbulentos. Esa libertad de tono, que a veces deriva en surrealismo, puede resultar impactante para ciertas personas, pero, como dijo Buñuel, "Todos los días, el guionista debe matar a su padre, violar a su madre y traicionar a su país".

Una de las influencias más claras de tu film parece ser Goto, isla del amor, de Borowczyk. ¿Qué otros cineastas te inspiraron en esta película? 
Cuando descubrí a Borowczyk y su obra, no pude ver Goto, isla del amor, ya que no se encontraba en ninguna parte, ni siquiera en vídeo. Así que soñé imágenes en torno a ese título. Y lo que imaginé tenía un fuerte parecido con Les garçons sauvages

Tengo muchísimas influencias, pero mi deseo central era hacer un híbrido improbable entre una aventura tipo Robinson Crusoe, a lo Julio Verne, y William Burroughs. También tenía en mente los cuadros de Henry Darger. Pero además, desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, hay una gran diversidad de películas de las que he bebido para hacer este film: La joven, de Buñuel, El señor de las moscas, de Peter Brook, Viento en las velas, de Mackendrick, Fighting Elegy, de Suzuki, Naked Pursuit, de Toshio Okuxaki, Querelle, de Fassbinder, La isla de las almas perdidas, de Kenton, Anatahan, de von Sternberg, Young Aphrodites, de Koundouros, Una canción de amor, de Genet, Gewalt! Gewalt: shojo geba-geba, de Wakamatsu, Profundo deseo de los dioses, de Imamura, Mishima, de Schrader, La niebla, de Carpenter… Tomé un pequeño trago de cada una de estas películas para intoxicarme antes del rodaje, lo cual me permitió encontrar mi propia voz.

(Traducción del francés)

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