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“Le tengo mucho respeto al espectador”

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Sergio G. Sánchez • Director

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- SAN SEBASTIÁN 2017: Sergio G. Sánchez, guionista habitual de Juan Antonio Bayona, debuta como director de largometraje con El secreto de Marrowbone tras haber rodado varios cortos

Sergio G. Sánchez  • Director
(© Montse Castillo/Festival de San Sebastián)

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, que ha escrito y dirigido el asturiano Sergio G. Sánchez, de 44 años, es un cuento gótico, rodado en inglés, que espera repetir el éxito de los films de su amigo Juan Antonio Bayona, cuyos guiones firmó: Lo imposible [+lee también:
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. Se estrena en la Sección Oficial (fuera de concurso) del Festival de San Sebastián.

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Cineuropa: Belén Atienza, productora de J.A. Bayona, también te acompaña en tu ópera prima. 
Sergio G. Sánchez:
Ésa es la gente con la que di mis primeros pasos en el cine y los siento como familia: a ellos y a Sandra Hermida, directora de producción de El secreto de Marrowbone.

Telecinco Cinema, compañía productora, ¿forma parte también de esta troupe? ¿Implica eso facturar películas con un sello similar?
Puede ser… Siempre digo que la película tiene dos papás –Álvaro Augustín y Ghislain Barrois (de Telecinco)- y dos mamás: Sandra y Belén. Ellos nos protegen mucho: intentan darnos todo lo que haga falta para que la película sea lo que queríamos que fuera. Intento tener mucho respeto al espectador, y en todos estos años en los que he estado intentando levantar una película, he querido esperar a que se dieran todas las condiciones para que la película tuviera, como mínimo, un empaque y una factura impecables, algo que se merece alguien que paga una entrada de cine. Lo contrario hubiera sido tirarme a la piscina con otros proyectos que hubieran sido una locura, sin saber cómo rodarlos. Estos productores han proporcionado lo necesario para que la factura de la película fuese impecable.

Tras aparcar tu faceta inicial de director, has estado años trabajando como guionista, porque rodaste cortometrajes hace años y una tv movie adaptando una novela de Eugenio Fuentes, “Las manos del pianista”.
Pues creo que no le gustó mucho a Eugenio, porque un amigo le oyó en la radio hablando de ello y no parecía muy contento con el resultado. Me hubiera gustado trabajar con él en aquella adaptación, pero había ya una versión del guion, muy fiel a la novela, de Miguel Barros, pero no se podía rodar porque teníamos sólo cuatro semanas de rodaje y aquel guion 250 secuencias. Yo reescribí el guion con Kike Maíllo, que se apartaba mucho de la novela, y al final, con tantas cabezas en medio, se quedó en algo difuso. Lo mejor fue el reparto, con Javier Gutiérrez saliendo de su encasillamiento de cómico. También estaban Fernando Cayo, Clara Segura, Frascesc Orella y Marta Belaustegui, entre otros.

¿Cómo ha sido volver a dirigir: has necesitado “entrenarte en el gimnasio del director”? 
No, qué va, para nada. Es como que te pongan delante un plato de lentejas después de dos semanas sin comer: tenía muchas, muchas ganas. Tanto en El orfanato como en Lo imposible tuve la suerte de estar en el rodaje: a Jota le gusta mucho tocar los guiones sobre la marcha y en las dos películas hice de coach con los niños. Y me iba con la segunda unidad a grabar cosas por ahí: así no me pilló de sorpresa el cambio de un rodaje de un corto o una tv movie al gran aparataje que llevamos en esta película, sino que venía entrenado. Dirijo con mucho placer y ganas, porque al final escribir un guion es como preparar una fiesta a la que no estás invitado y al dirigir, por fin, puedes comerte la tarta y bailar.

El orfanato se rodó en Asturias, igual que Marrowbone. 
Sí, en Llanes y ésta más al occidente, hacia mi zona de nacimiento: en Pravia y en los alrededores de Canero. Y la parte del pueblo en una fábrica de armas abandonada en Oviedo, reconvertida en calle de la América rural. Además, el clima y el paisaje asturianos dan muy bien para este tipo de películas de misterio. Fue un empeño mío rodar aquí porque creo que en España tenemos el mejor plató natural del mundo, con tantas horas de sol y donde puedes encontrar una variedad brutal de paisajes. De igual manera que somos una potencia en turismo, con nada que nos apoyase el gobierno, podríamos ser una potencia en cinematografía, la propia y atrayendo rodajes extranjeros. Nos habría salido más rentable rodar Marrowbone en Canadá o cualquier estado de Norteamérica, pues ofrecen desgravaciones fiscales, pero aunque nos costó más rodar en España, era una cuestión de defender nuestro cine y país. Además, para mí también fue como volver al hogar: ése es uno de los temas que aborda la película. 

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