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"Nuestra valentía no fue nada en comparación con la de Vincent"

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Dorota Kobiela • Directora

por 

- La animadora y pintora polaca Dorota Kobiela unió sus fuerzas con las del británico Hugh Welchman para crear Loving Vincent, un biopic único, pintado a mano, de Vincent van Gogh

Dorota Kobiela  • Directora
(© Wojtek Rojek)

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es su primer largometraje como directora. ¿Cómo le vino esta idea a la cabeza?
Dorota Kobiela
: Todo empezó hace diez años. En aquella época, trabajaba en un estudio de animación, formaba parte de un proyecto increíble y aprendía muchísimo. Sin embargo, después de acabar aquello sentí que necesitaba empezar a hacer algo mío y mezclé mis pasiones: la pintura y el cine. Leí las cartas de Vincent van Gogh y me encantaron: son pasionales, honestas y genuinas. Pensé que tal vez debería hacer una película sobre su vida y que yo misma debería ponerme a pintarla. En principio, no iba a ser más que un cortometraje de animación titulado Vincent. Pedí una ayuda al Polish Film Institute y, por suerte, me la dieron.

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Usted coescribió y codirigió la película con Hugh Welchman. ¿Cuándo se embarcó él en Loving Vincent ?
Cuando uno obtiene subvención del PFI, debe esperar unos meses hasta que llega el dinero, así que fui a trabajar al estudio que tiene en Lodz BreakThru Films. Me contrataron como animadora y artista conceptual. Hugh ha trabajado allí en Magic Piano, un largometraje sobre Frederic Chopin y su querido instrumento. Empezamos a trabajar juntos y luego nos hicimos pareja en la vida privada. Cada cierto tiempo, Hugh echaba un vistazo por encima de mi hombro y veía que me interesaba mucho por Vincent. Antes de cursar sus estudios de cine, se había graduado en Historia y Ciencias Políticas en Oxford; por ello, enfoca los proyectos como si fuera un investigador. Hugh es un ratón de biblioteca, así que devoró un montón de libros sobre Vincent van Gogh. Un día, fue a visitar una exposición sobre las cartas de Vincent van Gogh y volvió muy emocionado porque había visto gente haciendo cola durante tres horas solo para leer esas cartas. Era increíble, como si van Gogh fuera un deportista o una estrella del rock. Pensamos que si todavía genera tanta atención, tal vez hubiera un público para un largometraje de animación sobre su vida y tal vez merecía la pena implicarse en un proyecto de alto riesgo como este, aunque nuestra valentía no es nada en comparación con la que tuvo Vincent.

¿Cómo desarrolló la historia?
Nuestra idea inicial era llevar a la vida su pintura y “hacer” que los cuadros hablaran sobre Vincent. Esta idea la sacamos directamente de una de sus cartas, donde escribió: “no podemos hablar más que a través de nuestra pintura”. No obstante, el personaje de Vincent permanecía en el misterio y solo podíamos hablar de él a través de las palabras de la gente que él había retratado. El segundo concepto que tuvimos al principio era que los personajes de la cinta se acercarían a Vincent para hablar del misterio de su muerte, que se dictaminó como fruto del suicidio. Leímos todo tipo de teorías sobre por qué se mató, incluida la versión más popular y “oficial”, de Emil Bernard, que sirvió de ejemplo para Vincente Minnelli y George Cukor a la hora de hacer El loco del pelo rojo. Empezamos a preguntarnos si esto fue realmente lo que le pasó a Vincent. A esas alturas de su vida, todo parecía irle bien; incluso había vendido su primer cuadro. Decidimos no dar ninguna respuesta clara sobre lo que le pasó. Teníamos siete borradores del guion, todos diferentes en función de la inspiración visual, las telas, los personajes, las cartas y los hechos citados. Al final, decidimos emplear cuadros del periodo de madurez de van Gogh y llevar a Armand Roulin de un papel secundario a un papel protagonista. Era joven y fue el hijo de, probablemente, el único amigo de verdad que tuvo Vincent, así que tenía sentido meterlo en semejante viaje.

¿Tenían algunas normas o restricciones a la hora de montar todas las piezas del puzzle?
Decidimos no “inventar” ningún cuadro de van Gogh, sino, a lo sumo, “reimaginarlos” si resultaba necesario a efectos de guion. Por ejemplo, cambiábamos la luz del día por luz nocturna o un paisaje invernal por uno veraniego. Si queríamos mostrar acontecimientos que Vincent nunca pintó, algo que llamamos “una reconstrucción de la memoria”, empleábamos animación en blanco y negro. La segunda norma era no cambiar los hechos de la vida de Vincent.

Parece que les inspiró el clásico de Orson Welles Ciudadano Kane.
Al desarrollar la película, vimos muchos documentales de investigación, como el de Eroll Morris, Thin Blue Line. Después de todo, estábamos haciendo una película sobre un hombre muerto que no iba a poder contar su propia historia. Cuando hablábamos de ello con el director de fotografía, Lukasz Zal, me di cuenta de que nuestra historia se parecía a la de Ciudadano Kane y que debíamos volver a verla.

La cinta está íntegramente compuesta por pinturas a mano pero también rodaron escenas convencionales. ¿Cómo combinaron todo eso?
Las escenas en blanco y negro se acercan mucho a la técnica del rotoscopiado; todo lo demás era pintado. Soy directora de animación, así que antes de trabajar en un plató con los actores tenía preparados storyboards, pre-vis y animática. La mayoría de las secuencias se rodaron sobre un fondo verde pero, como ya teníamos pintura en mate preparada y todo estaba listo, los actores podían ir a los monitores y ver el trasfondo de la escena.

¿Y luego pintaron los fotogramas?
No. Nuestro equipo miraba los fotogramas y los recreaba en tela, con los golpes de pincel y el estilo vibrante de van Gogh. El motivo era que el propio Vincent pintaba a partir de la vida real. Su amigo Gauguin intentaba convencerlo para pintar a partir de su imaginación pero van Gogh se negaba. Tenía su propia manera de percibir el mundo y no siempre obedecía las leyes de la física. Ese fue otro reto técnico: nuestro director de fotografía tenía que combinar grandes angulares y objetivos para capturar el mundo tal y como lo veía Vincent.

(Traducción del inglés)

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