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MÁLAGA 2018

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Mateo Gil • Director

“Siempre me atrajo la idea de hacer comedia”

por 

- Tras sus incursiones en el thriller, el western y la ciencia ficción, el cineasta canario Mateo Gil se atreve a hincarle el diente a la comedia con Las leyes de la termodinámica

Mateo Gil • Director

Mateo Gil (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) debutó como director de largometrajes -en 1999- con el thriller Nadie conoce a nadie, a la vez que ejercía de guionista para su amigo Alejandro Amenábar (Abre los ojos, Mar adentro [+lee también:
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, Ágora [+lee también:
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). También rodó el western Blackthorn (Sin destino) [+lee también:
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 y hace tres años la futurista Proyecto Lázaro [+lee también:
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. Con su cuarta película se adentra en los vericuetos de la comedia romántica, camuflada tras la estructura de un documental científico: su título, Las leyes de la termodinámica [+lee también:
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, y sus protagonistas son Vito Sanz, Berta Vázquez, Chino Darín y Vicky Luengo.

Cineuropa: ¿Cómo ha sido tu aterrizaje en el complejo género de la comedia?
Mateo Gil:
En el momento en que escribí esa historia, yo necesitaba dinero y para que me pagaran un guion en desarrollo tenía que proponer una idea que un productor tuviera ganas de desarrollar, porque en España no existen apenas los desarrollos de guiones de largometraje: aquí normalmente los guionistas escribimos, y luego vendemos el guion, o no. Entonces le propuse a Paco Ramos, de Zeta Cinema, una historia que le podía resultar atractiva. Esa idea yo la tenía en mente desde hacía tiempo y quería intentar rodar comedia. No tengo la comedia como mi meta, de hecho ahora estoy escribiendo otros géneros, pero siempre me atrajo.

Viendo Las leyes… hay alguna escena que recuerda a tu cortometraje Dime que yo.
Sí, curiosamente, el único contacto que tuve anteriormente con la comedia fue a través de mis cortos. Y uno de ellos fue Dime que yo: hay una clara herencia en la película de aquel corto.

La ciencia y el universo ya estaban en el guion de Ágora, aspectos que siempre te han interesado: supongo que habrás tenido que limarlos aquí para que no se conviertan en algo denso…
Claro: podemos decir que ha sido posible el guion de esta película porque antes había escrito el de Ágora; siempre me ha gustado la ciencia, pero con aquel proyecto hubo tanta documentación, tantas cosas que aprendí, que no les había dado uso, que pensé en reciclarlo: se puede decir que Las leyes… es una hijita de Ágora, claro, porque mucho de lo que aprendí en aquella época luego lo he aplicado aquí.

¿Cómo ha sido el planteamiento de hacer un documental alternado con ficción? ¿Y esas entrevistas: las has rodado simulando los documentales televisivos? ¿De dónde procede esa estructura tan especial que tiene Las leyes de la termodinámica?
Las entrevistas las llevé yo a cabo. Rodé primero la parte ficticia de la película y luego hacer la documental fue otro rodaje, con su propia producción, bastante complicada, sobretodo porque yo quería hacer entrevistas donde los científicos dijeran unas cosas muy concretas, para que me funcionara el andamiaje de la película, pero tampoco les podía decir que dijeran esto o aquello: yo tenía que hacerles las entrevistas precisas para que llegaran a declarar lo que yo quería oír. Lo único que yo tenía claro es que los científicos tenían que decir verdades: nada de lo que afirman es falso o engañoso y esas entrevistas se podrían utilizar para documentales reales. En siete semanas rodamos la ficción, y la parte documental, durante cuatro días de entrevistas, en Tenerife, Londres y París.

El montaje y la postproducción -con flechas y fórmulas superpuestas en pantalla- han debido complicar el rodaje, planificado pensando en ello.
El montaje fue laborioso, pero es calcado al guion: no hemos cambiado el guion en la sala de montaje. Es verdad que hay intervenciones de los especialistas que no dicen lo que yo ponía exactamente en el guion, pero se han ajustado más o menos los tiempos y he conseguido que me encajaran las entrevistas en el tiempo de la ficción, sacrificando mucho de lo que me decían: cosas interesantísimas, pero lo que mandaba en el film era la historia de amor. Fue muy laborioso el montaje porque hubo muchísimo material y había que encajar las piezas, alternando a los científicos y que tuviera gracia. Lo más laborioso fue rodarlo para que todo encajara. Estuvimos todo el rato cronometrando las acciones: yo cronometraba el texto científico y hacía que las acciones se correspondieran a ese tiempo, porque si no, se podía ir el ritmo por muchos lados. Fue un rodaje muy técnico, donde yo estaba muy pesado con los tiempos.

El resultado da su fruto, pues el ritmo de esta comedia es ágil…
Ahora, cuando la vea el público, me daré cuenta de ello: a veces pienso… ¿no me habré pasado de rápido, con tal de no aburrir? Creo que, de todas maneras, el chiste sólo funciona si mantenemos ese ritmo, porque si no puede decaer la atención por la historia sentimental, que, en última instancia, es la que manda.

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