Una hilarante comedia negra se adentra en la mentalidad balcánica
Vladan Petkovic
12/07/2012 - Miroslav Momčilović comenzó su carrera en el cine en 2004 como guionista del taquillazo serbio When I Grow Up I'll Be a Kangaroo, a la que siguieron su debut como director con Seven and a Half (2006) y otra película con un título raro, Wait for Me and I Will Not Come (2009), una tragicomedia ambientada en el barrio de Nuevo Belgrado. En todas estas películas explora la mentalidad balcánica en distintos lugares urbanos y con su último trabajo, Death of a Man in the Balkans, Momčilović por fin ha conseguido salir de la región al hacerse con el premio Independent Camera en Karlovy Vary.
Aunque se presentó fuera de concurso en el cine al aire libre con capacidad para 3.000 espectadores del Festival de Sarajevo, esta comedia negra resulta más apropiada para verla en casa, ya que está rodada en una sola secuencia (o así lo parece) con una cámara que imita a una webcam. Sin embargo, el personalísimo humor negro de Momčilović, acentuado por la estrella de la región, el bosnio Emir Hadžihafizbegović (Buick Riviera, Snow [tráiler], Armin [tráiler]), podría convertirla en un éxito en los Balcanes si da con el distribuidor adecuado.
En la primera escena, un compositor de Belgrado se suicida justo delante de su webcam, desde la que se ve perfectamente toda la sala. Tras deshacerse en el primer minuto del personaje que da título a la película, interpretado por el que es posiblemente el actor más popular de los Balcanes, Nikola Kojo (The Parade [tráiler]), Momčilović indaga el ambiente que le rodea y construye un retrato de la mentalidad balcánica a través de sus vecinos, más universales que locales.
El primero en aparecer es el vecino de al lado, Aca (Hadžihafizbegović), que montó el parqué de la casa del músico. A él se unen su esposa, una vecina más tarde y, por último, un amigo de Aca, Vesko (Radoslav Milenković), que vive en el piso de abajo y empieza a quejarse del ruido que hacía el fallecido compositor cuando tocaba el piano (que se ve en parte en una esquina del encuadre de la webcam).
No deja de presentarse gente: un empresario de pompas fúnebres llega antes que la ambulancia, lo cual es algo típico de los Balcanes. Normalmente, el personal de las ambulancias tienen acuerdos con estas compañías para poder ser los primeros en llegar a la escena y vender ataúdes cuyos precios varían entre los 300 y los 5000 euros. Cuando la policía llega, por fin, una hora más tarde, tuerce el gesto ante esta práctica pero no la castiga.
Death of a Man in the Balkans muestra todo lo peor de los Balcanes, desde los pequeños actos de corrupción a la superstición, pasando por el miedo a la autoridad, la tendencia hacia una indulgencia hedonista en cualquier circunstancia, el doble rasero y una evidente hipocresía, aunque también muestra su humanidad. La historia es tan local que se convierte en universal y cualquier persona del mundo podrá en cierta manera sentirse identificado. Hadžihafizbegović hace una interpretación impresionante y la sencilla localización debería potenciar sus cualidades cómicas. La traducción al inglés, esencial en una película con tantos diálogos, está muy lograda y la película merece la atención del sector más allá de los Balcanes.
Esta producción de la serbia Brigada aún no tiene un agente de ventas internacionales.
(Traducción del inglés)































