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The Death of Stalin: pena de muerte

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- TORONTO 2017: Un nutrido reparto y el director escocés Armando Iannucci lanzan una mirada satírica a la batalla por suceder a Stalin en el Kremlin

The Death of Stalin: pena de muerte

Cualquiera que haya tenido los medios de ver los shows televisivos de Armando Iannucci The Thick of It y Veep sabrá ya que el director escocés es un maestro de la sátira política. La buena recepción de In the Loop [+lee también:
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(2009)fue fruto de la diversión con que abordaba la diplomacia en las esferas políticas internacionales estadounidense y británica y la manera en que las decisiones se toman allí. The Death of Stalin [+lee también:
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, proyectada en la sección Platform del festival internacional de Toronto, supone un nuevo reto para sí mismo del guionista y cineasta no solo porque su foco de atención se mueve hacia el este sino también porque abandona la rabiosa actualidad del presente para hacer un drama histórico inspirado en las novelas gráficas de los franceses Fabien Nury y Thierry Robin La muerte de Stalin y Volumen 2 –El funeral.

Las mayores concesiones a la acción, que tiene lugar en Moscú en marzo de 1953, son el diseño de producción, el vestuario y los bigotes. El reparto en su conjunto lo conforman bolcheviques endurecidos en batallas, si bien sus acentos y jergas son propios a la lengua materna de los actores. Al contrario, por ejemplo, que la reciente adaptación de la BBC del clásico de Leo Tolstoi Guerra y paz, criticado por ser “un poco demasiado inglés”, Iannucci hace virtuosas las miles de inflexiones occidentales jugando en un principio con los disparates de su lenguaje tanto para hacer reír como para destacar que su película busca la verdad a través no de la imitación sino de la caricatura. Que Iannucci salga airoso con semejante brocha gorda se debe al afilado guion que escribió junto con David Schneider y Ian Martin y a las capacidades de todo el reparto: Adrian McLoughlin es un postrado Joseph Stalin, Steve Buscemi es un ingenioso Nikita Jrushchov, Simon Russell Beale encarna al maligno director de la policía secreta Lavrentiy Beria, Jeffrey Tambor es el poder en la sombra encarnado por Georgy Malenkov, Michael Palin interpreta al maquinador Vyacheslav Molotov, Paul Whitehouse da elegancia al ministro de asuntos exteriores Anastas Mikoyan, Jason Isaacs no tiene pelos en la lengua en su papel de Georgy Zhukov, Andrea Riseborough es la hija de Stalin Svetlana y Rupert Friend es Vasily, su obstinado hijo.

La descabellada y temerosa Unión Soviética de Stalin se presenta en un concierto de música clásica a cargo de la pianista Maria Yudina, interpretada por Olga Kurylenko, que brinda el acento más auténtico de todo el reparto. Iannucci confía en la historia no confirmada registrada por Solomon Volkov en Testimonio: las memorias de Dmitri Shostakovich, a saber, que en 1944, Stalin escuchó en la radio a Yudina interpretar el concierto para piano 23 de Mozart y pidió una copia, pero no existían, así que los oficiales despertaron a Yudina en mitad de la noche, montaron una orquesta y grabaron un vinilo para Stalin. En The Death of Stalin, el concierto tiene lugar en 1953 y al oficial sagrado lo encarna con una fanfarronería desternillante Paddy Considine.

Con los oficiales y médicos precavidos hasta frente a un Stalin muerto, la película cae en territorio bufonesco en ocasiones, pero  Iannucci no deja de encender la chispa de una historia real para provocar incendios cómicos. Sin embargo, la ascensión de Jrushchov por delante de Beria es el solomillo de la historia y a veces se pierde el hilo en el ajetreado y veloz mundo creado, con personajes entrando y saliendo y entregando tiempo a mortíferas cartas de protesta. En este baile, Iannucci también consigue calzar la brutal realidad del gobierno de Stalin. Resulta, en fin, un encuentro denso, divertido y encantador entre la historia, la risa y el lecho de muerte.

Francia, Gran Bretaña y Bélgica coproducen The Death of Stalin a través de Quad Films y Main Journey en coproducción con Gaumont, France 3 Cinéma, La Compagnie Cinématographique, Panache Productions y AFPI y con la participación de Canal+, Ciné+ y France Télévisions. Gaumont gestiona sus derechos internacionales.

(Traducción del inglés)

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