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Martijn Maria Smits • Director

"Quiero que los espectadores creen su propia historia"

por 

- Aprovechamos el Festival de Arrás para entrevistar al holandés Martijn Maria Smits, director de Waldstille

Martijn Maria Smits • Director

Tras debutar en competición en Róterdam 2010 con C'est déjà l'été, el holandés Martijn Maria Smits vuelve con su segundo largo de ficción: Waldstille [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Martijn Maria Smits
ficha de la película
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. El film, que fue presentado en San Sebastián, en la sección Nuevos Directores, ha competido en el 17º Festival de Arrás. La muestra nos ha brindado la ocasión de hablar con el prometedor cineasta.

Cineuropa: Aunque el tratamiento sea diferente, la familia es el tema central de Waldstille, al igual que en C'est déjà l'été. ¿Qué es lo que te atrae hacia esta temática?
Martijn Maria Smits: La familia es algo que me parece muy interesante por la razón de que se trata de relaciones contraídas de una cierta manera. No la elegimos, estamos atados a ella, tenemos que apañarnos como podamos. Yo provengo de un pueblo muy pequeño, no sé demasiadas cosas sobre el pasado de mis padres y no tengo una relación muy estrecha con mis hermanos. Esto es sin duda típico de los pueblos del norte de los Países Bajos: las emociones no se comparten, las frustraciones se guardan para uno mismo. Cada una de mis películas tiene su propio origen, pero generalmente, se me ocurre la idea de una historia, el hilo conductor, y luego me proyecto dentro de ella. Me pongo en el lugar del personaje. Por ejemplo, si yo estuviera ahí, y mis padres estuvieran sentados alrededor de la mesa, ¿qué dirían? Nada, probablemente. Es como si experimentara con mi familia, pero no tengo la necesidad de hacerlo en el mundo real. Aunque quizás también se trata de un truco psicológico inconsciente, un deseo de estrechar los lazos con mi familia, y eso siempre termina pasando en mis películas: las personas acaban un poco más unidas.

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El trasfondo de la trama de Waldstille es dramático, pero no recurres en ningún momento al aspecto emocional.
Yo siempre me debato mucho en esta cuestión. Estoy un poco cansado del cine de arte y ensayo puro. Por ejemplo, me gusta mucho Jacques Audiard, que dirige películas muy elaboradas, pero que son completamente accesibles para el gran público. Así que, a veces, quiero ir en esa dirección, pero de otro lado, si consideramos el cine como un arte, el mayor obstáculo al que se enfrenta actualmente es la dictadura de las historias. Para conseguir financiación, siempre hay que escribir un texto en el que alguien va del punto A al punto B y acaba en C. Sin embargo, si nos alejáramos de esto, solo nos quedarían emociones y experiencias personales verídicas. Por eso decidí eliminar todo el dramatismo en Waldstille. No se ve el accidente, no se ve la estancia del protagonista en prisión, el suegro no es malvado, como podría haberlo sido, etc. Suprimí todo eso porque quiero que los espectadores creen su propia historia. Así que he intentado dejar el máximo de espacio posible, pasando secamente de una escena a otra y saltando tantos elementos como sea posible para que el espectador haga las conexiones por sí mismo. Evidentemente, el hilo conductor de la trama está muy presente y hay elementos narrativos, pero he tratado de quitarle todos los aspectos dramáticos. 

¿Cómo te planteabas la puesta en escena?
Antes de Waldstille, trabajaba siempre con no profesionales. Esta vez, tenía un presupuesto de 1 millón de dólares, así que podía elegir a los actores y técnicos que quisiera. Con todo, creo que tenemos una visión un poco romántica del trabajo del director. En realidad, somos más bien una especie de recogepelotas para los actores. Lo más importante son los intérpretes, luego las cosas interesantes que haya detrás de ellos, en el marco. Lo mejor es que el realizador sea como el entrenador de un boxeador. Este último se las arregla solo, y cuando vuelve a su esquina en cada ronda, el entrenador le da consejos rápidos: "me he dado cuenta de esto, podrías hacer aquello o lo otro".

Han pasado seis años entre Waldstille y tu primer largo.
Me gustaría acelerar el ritmo. Las ideas me vienen con facilidad, pero hay que venderlas en forma de relatos, mientras que a mí me atrae más la reconstrucción de la experiencia, del feeling. A veces, uno presenta su proyecto a un productor, debate sobre la película, y en seguida se da cuenta de que se ha desviado de lo que quería hacer al principio. Quizás vuelva a hacer cine de bajo presupuesto para tener más libertad.

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(Traducción del francés)

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