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Rafael Kapelinski • Director

“Me siento como la estrella del rock de la narración”

por 

- Hablamos con el director británico Rafael Kapelinski sobre su primer largo, Butterfly Kisses, ganador del Oso de Cristal de la sección Generation 14plus en la última Berlinale

Rafael Kapelinski  • Director

Cineuropa habló con el director británico Rafael Kapelinski en el Festival de Cine Europeo de Lucca, donde competía con su largo Butterfly Kisses [+lee también:
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, ganador del Oso de Cristal de la sección Generation 14plus en la última Berlinale. 

Cineuropa: ¿Qué te llevó a abordar un tema tan complejo en tu primer largo?
Rafael Kapelinski: No fue una decisión calculada. Cuando me sumé al proyecto, el guion ya estaba ahí. Estaba en estado bruto, pero había algo en él que era muy siniestro pero auténtico. Tenía una voz con la que podía identificarme. La pedofilia es uno de los últimos tabús que quedan, sobre todo en ciertas culturas. Da igual cómo tratemos de derribarlo, nos encontraremos con mucha resistencia. Una de las decisiones más difíciles que tomamos fue hacer una película sobre la pedofilia que no fuera una película sobre la pedofilia. 

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¿Cómo lograste distanciarte de un tema tan sobrecogedor?
Cuando era adolescente, creía que en el mundo todo era corazones y flores, jugar al fútbol y pasarlo bien, y luego tuve una serie de experiencias que me enseñaron lo contrario. Para mí, la película podría haber tratado sobre un niño que muere de cáncer y sobre cómo sus amigos se dan cuenta de que se quedan sin alguien con quien pasar el tiempo y jugar al fútbol.

No queríamos hacer comprender la naturaleza de la pedofilia, pero sí que hablamos con tres personas que están registradas como pedófilos, o “amantes de los niños”, como se llaman a sí mismos, gente que funciona en la sociedad pero que admite abiertamente tener estas tendencias. Tras hablar con ellos, nos quedó muy claro que nuestro trabajo no era buscar una explicación; solo queríamos capturar cierto mundo en el que la amistad entre tres chicos de repente se desmorona.

El film está rodado en blanco y negro; teniendo en cuenta que la ambientación —una urbanización del sur de Londres— ya era bastante cruda, ¿por qué te decantaste por el blanco y negro?
Una película en blanco y negro hoy en día es como un monje vestido con una camisa, alguien muy sencillo y modesto que no tiene muchas expectativas, y así es como percibíamos nuestra película. En términos narrativos, el blanco y negro da objetividad a la historia; el mundo que retratas se distancia, y eso te permite usar la cámara de un modo observacional. En este sentido, los ojos de Kyle son la cámara. Además, el blanco y negro vuelve la imagen muy abstracta, y cuando hablas de algo tan abstracto como la pedofilia, creo que es buena idea darle un cierto toque abstracto. Además, hay muchas películas ambientadas en urbanizaciones inglesas que son muy literales, y eso a mí no me interesa demasiado. Quería conseguir el carácter de una secuencia onírica, algo que ayuda a añadir una capa más a la historia. 

El concepto visual es bastante ecléctico; ¿qué te llevó a combinar estilos tan diferentes?
Cuando tienes independencia, puedes tomar decisiones valientes. Me gusta el cine ecléctico, me gusta una forma dinámica y elaborada de narrar —me siento como la estrella del rock de la narración—. Todo lo que tiene que ver con la urbanización es muy literal. Me distancié de todo eso; la escena de la escalera de incendio muestra un mundo diferente y oscuro, y el motivo del caballo también. Al principio, se trata de algo sucio que aparece en una película porno, luego se convierte en un ángel de la guarda.

La banda sonora es brillante, pero también bastante inesperada. ¿Por qué te decantaste por este tipo de música?
Mi primera impresión cuando leí el guion por primera vez fue lo sucio que era. Mi instinto era contrarrestar esto, así que pensé en música analógica de órgano como contrapunto. Lo que se oye es música interpretada en un verdadero órgano del siglo XVII, grabada en una iglesia en las afueras de Londres. Tiene una cualidad sagrada. Vivimos en un mundo en el que todo cambia, así que busqué algo que pudiera servir como punto de referencia, algo que fijara el mundo delirante de esos chicos que ven porno de caballos. La música de órgano todavía está en nuestro interior; nos suscita una reacción.

En colaboración con

 

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(Traducción del inglés)

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