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Elena Martín • Directora

"Usamos la imaginación para lograr recursos que no teníamos"

por 

- A la joven catalana Elena Martín la vimos como actriz en Las amigas de Ágata. Ahora debuta como directora con Júlia ist, o la crónica de un Erasmus en Berlín que cuostiona la vida

Elena Martín • Directora

Elena Martín (Barcelona, 1992) es la directora, coguionista, coproductora ejecutiva y actriz protagonista de su ópera prima, Júlia ist [+lee también:
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, trabajo de fin de carrera de Comunicación Audiovisual en la universidad Pompeu Fabra de su ciudad natal, que ha sido aplaudida en festivales como Festival de Málaga Cine Español y D´A´. Nos tomamos un café con ella.

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 ha repercutido en la realización de Júlia ist?Elena Martín: Ya estaba en desarrollo mi película cuando rodé L as amigas..., película que interpreté al volver de Berlín: viviendo allí, estuve hablando con mis compañeros sobre que quería hablar del Erasmus en mi trabajo de fin de carrera. Fue útil que la Universidad nos permitiera hacer un largo, hasta entonces no era muy habitual, y a nivel de prensa, que aquella película haya tenido tan buen recorrido nos ha dado una legitimidad y un acceso a sitios a los que hubiéramos llegado, pero con mayor esfuerzo.

¿También supuso aprendizaje antes de afrontar tu propia función de directora? 
Sí, para empezar, yo como actriz había hecho teatro, pero nunca un largometraje, con lo cual no había trabajado un personaje con un arco tan largo, y delante de la cámara. Como cineasta, me mostró cómo ellas conseguian autofinanciarse y sus dinámicas internas, ya que eran cuatro mujeres dirigiendo. 

¿Te evitó miedos y vértigo para enfrentarte a tu ópera prima?
Sí, eso seguro: vi que podían hacerlo y con medios inventados. Ellas encontraron su propio método y eso era motivador: nosotros –mi equipo y yo- encontramos el nuestro propio, muy distinto al suyo, pero comprobé que funciona el hacer cine a tu manera, adaptando la historia a la producción y viceversa, con los medios que tienes. 

¿Habías dirigido algún cortometraje antes?
Codirigí, en medio de la carrera, uno con un compañero de clase, pero era un trabajo muy colectivo, grupal y con muy poco tiempo: no era una pieza que saliera del mí o de la que yo tuviera plena responsabilidad, como ha sucedido ahora como Júlia ist. 

¿Cómo has levantado el proyecto?
Éramos cuatro haciendo el trabajo de fin de carrera y una vez entregado, seguimos rodando y montando tres de nosotros y financiamos con nuestros propios medios, con presupuesto cero: nos gastábamos lo necesario, como comprar comida para el equipo o pagar el billete de metro para ir de un lugar a otro. No consistía en hacer una planificación de producción, buscar financiación y luego empezar a rodar, sino en tirar de la colaboración de amigos: los músicos colaboraron, los actores también, las locaciaciones son lugares que conocemos, la Universidad de las Artes de Berlín tenía una colaboración con la nuestra... La estrategia fue entre pensada y sobre la marcha, utilizando la imaginación para lograr más recursos de los que teníamos. Luego, al terminar el rodaje, entró Lastor Media, que se encargó de la postproducción, y también Antaviana Films, que nos han ayudado con los acabados y darle la factura necesaria.

¿Qué animó del proyecto a Lastor Media para entrar en la producción? 
Vieron el montaje que entregamos en la Universidad: con su ojo y experiencia debieron ver que tenía potencial, porque lo vemos ahora y nos parece desastroso, así que fue bonito que confiaran en nosotros para seguir. Como queríamos mejorarlo, vieron nuestro empeño y voluntad, y dejándonos libertad creativa total, nos han acompañado de forma muy respetuosa. 

¿Se ha rodado entonces más metraje después?
En total, fueron tres años rodando: hemos rodado, volvimos a Barcelona, revisado material, hemos montado algo, hemos vuelto a filmar y montar, hemos visto cosas que no funcionaban, hemos cambiado a un actor, hemos vuelto a rodar... Si no lo hubiéramos hecho así, no hubiera funcionado: si hubiéramos intentado rodar con un guion cerrado, cuando lo habíamos desarrollado apenas en seis meses, habría fracasado; así que el hecho de que no estuviéramos dentro de la industria nos ha permitido seguir a ese ritmo, aprendiendo a medida que avanzabamos, movidos por nuestra exigencia.

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