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Vít Klusák • Director

“Una buena película no debería ser fácil de asimilar”

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- KARLOVY VARY 2017: El documentalista checo Vít Klusák habla sobre sus métodos de trabajo tras el estreno mundial de su último documental, The White World According to Daliborek, en Karlovy Vary

Vít Klusák  • Director
(© Milan Jaroš)

Vít Klusák es un director de fotografía, productor y documentalista checo que, junto con Filip Remunda, creó la productora Hypermarket Film y trabaja como profesor en FAMU. Debutó con Czech Dream (descrita irónicamente como un “reality show cinematográfico”), a la que siguió Czech Peace [+lee también:
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, sobre una base militar estadounidense en la República Checa, y All for the Good of the World and Nosovice!. Remunda y él también son los creadores de un ciclo televisivo de documentales de autor titulado Czech Journal. El nuevo trabajo de Klusák, The White World According to Daliborek [+lee también:
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, acaba de proyectarse en el Festival de Cine de Karlovy Vary.

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Cineuropa: Sueles elegir temas espinosos para tus películas; por ejemplo, en Matrix AB, retrataste al polémico oligarca Andrej Babiš. ¿Qué te influye al elegir un tema?
Vít Klusák: Hay varios factores. Un documentalista debería ser hipersensible, en un sentido positivo: idealmente, él o ella debería reconocer e identificar fenómenos sociales cruciales de manera más profunda, más precisa y de un modo más sorprendente, penetrante y duradero que los medios predominantes, y eso es lo que intento hacer. Luego, estás en una encrucijada: o bien abordas un tema que los demás están dejando de lado, o uno en el que todos se fijan pero que nadie se atreve a abordar. Ese fue el caso de Andrej Babiš. Otro factor importante es el potencial situacional de un tema en concreto. No quiero ni sé hacer películas con cabezas parlantes. 

Debido a esos temas espinosos, has sido descrito como un cineasta polémico desde tu debut, Czech Dream. ¿Tiene esa reputación un impacto directo sobre tu trabajo?
Sí que siento la presión de ciertas expectativas sobre qué será lo próximo en lo que trabaje. A mí me parece bastante divertido, pero también es una responsabilidad. Es algo en lo que también influye mi esfuerzo por hacer películas que no dejen indiferente a los espectadores. Estoy convencido de que una buena película debería ser un desafío, algo que no sea fácil de asimilar. Debería obligar al espectador a convertirse en un coautor activo, la manera de abordar un tema debería llevar al espectador a completar la experiencia por sí mismo. 

Con respecto al tratamiento que das a los diferentes temas, ¿cuál es la diferencia entre retratar a un oligarca conocido internacionalmente (Matrix AB) y a un neonazi prácticamente desconocido (The White World According to Daliborek)?
No traté de emitir una condena de manera deliberada, sino más bien desarrollar un método más o menos empático de realizar ese retrato. Para mí, fue correcto y sincero; sin embargo, a muchos espectadores les molesta, incluyendo a varios de mis compañeros. No quieren dudar cuando piensan sobre esas personas; quieren recibir una postura de manera instantánea. 

Cuando estabas preparando tu última película, fuiste mencionado en la prensa internacional como el creador del tour en bus de Auschwitz. El bus era un elemento más de tu film, pero también servía como denuncia del mal gusto y la falta de sensibilidad del sector turístico hacia el Holocausto. ¿Qué piensas de esa situación en retrospectiva?
Me fascinaba que se nos criticara cuando nosotros estábamos tratando de indicar la “disneyficación” de los viajes educativos a los campos de concentración. Una situación parecida se dio cuando nos interrogó la policía, que estaba intentando averiguar en qué circunstancias habíamos conseguido filmar a los seguidores de Ortel [un polémico grupo de rock checo acusado de radicalismo de extrema derecha y xenofobia] haciendo el saludo nazi. En vez de investigar a los que hacían el saludo, me investigaban a mí y trataban de descubrir si los había sobornado para que lo hicieran. Toda esa situación me recordó a cuando perseguí a un ladrón en Praga que había robado una tienda con un arma. Le estaba persiguiendo, gritando, “¡atrapad a ese ladrón!”, y a mi alrededor los transeúntes estaban más agitados por mí que por el joven que huía silenciosamente.

¿En qué se diferencia el Vít Klusák documentalista del Vít Klusák productor?
Filip Remunda y yo somos nuestros propios productores porque nadie toleraría los riesgos que tomamos como directores. The White World According to Daliborek comenzó a rodarse con la mitad del presupuesto, y solo tres semanas antes del estreno mundial en Karlovy Vary, y conseguí garantizar parte de los fondos a través de un crowdfunding, cubriendo así la mayoría de las deudas. No se puede meter un documental a la fuerza en hojas de cálculo; puedes planificar 30 días de rodaje, pero la situación de tus protagonistas puede incluso doblar ese tiempo. En los casos en los que un productor razonable cerraría la fase de rodaje, Filip y yo seguimos rodando. Es irresponsable, pero es la única manera de hacerlo.

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(Traducción del inglés)

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