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BERLÍN 2018 Competición

Benoît Jacquot • Director

"Lo que tenía en mente era crear un sistema de reflejos"

por 

- BERLÍN 2018: Con motivo de la presentación de Eva a concurso en Berlín, Cineuropa mantuvo un encuentro con Benoît Jacquot, que nos habló de juegos de espejos, inversión de términos y fatalidad

Benoît Jacquot • Director
(© Guy Ferrandis)

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, libre adaptación a cargo de Benoît Jacquot de la novela de James Hadley Chase, aborda el complejo vínculo entre Bertrand (Gaspard Ulliel), antiguo gigolo reconvertido, por usurpación de identidad, en dramaturgo, y Eva (Isabelle Huppert), una prostituta provinciana que, a pesar de su desconcertante prosaísmo, experimenta por el joven una atracción fascinante. Cineuropa estuvo con su director al poco de concluir la proyección de la película en la Berlinale.

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Cineuropa: Al contrario de lo que podría sugerir la manera en que al principio aparece en la pantalla el título, con esa V escarlata entre la E y la A, la estructura de Eva no es tan triangular como la Eva de Joseph Losey.
Benoît Jacquot:
Lo que tenía en mente era un sistema de reflejos, que estos dos personajes estuvieran relacionados permanentemente. Sin saber nada el uno del otro (puesto que su encuentro es fortuito y hasta improbable), sienten que hay algo que los une, se hacen eco entre sí e incluso la narración misma alterna entre los dos personajes y los hace responderse, casi musicalmente. 

Sin ser parecidos, Eva y Bertrand pertenecen a un mundo común, el de la supervivencia, podríamos decir. Cada cual trata de sobrevivir a su propio secreto, más o menos delictivo, hasta criminal en el caso de él, mientras que el de ella es su vida íntima, totalmente distinta a lo que cabría suponer. Así que no es que solamente se reflejen entre sí sino que cada uno se desdobla.

Aunque la mayoría de las escenas son diurnas y realistas, la película en cierto sentido los envuelve en la atmósfera irreal de la noche del encuentro, mantenida sobre todo, a la manera de Buñuel, mediante la recurrencia de objetos cotidianos (coches, puertas, bañeras...).
Deseaba hacer una película en que las cosas que se mostraran no pasaran desapercibidas. Para mí, el cine se sirve de lo visible para dar a ver lo que no vemos normalmente, para añadir una especie de factor de extrañeza a todo lo que se pone de manifiesto en la pantalla pero sin efectos especiales, que a partir de la familiaridad aparezca la extrañeza. Si uno mira fijamente lo ordinario, hasta el objeto más común o la persona más anónima deja intuir una especie de límite que concluye en extrañeza o hasta en alucinación.

El motivo de la femme fatale está presente, solo que en masculino.
De manera casi inconsciente para mí, invierto en general de los términos: como decíamos, lo más ordinario se vuelve extraño. El guion presenta al principio una femme fatale pero es el hombre quien acaba haciéndose con ese rol. Ella no está fatalizada, eso es lo extraño: se convierte en una especie de pendiente fatal para él, sin duda, pero es él quien tiene algo más misterioso y venenoso que lo de ella, por lo menos, algo que, en principio, se atribuye más a personajes femeninos. Todo se invierte así. Ella tendrá la edad que en general suponemos a los hombres en una pareja como esta. También es interesante otra inversión: la de que Eva esté interpretada por una mujer que tiene la edad de la madre del chico, lo que introduce un asunto corriente en la tragedia: Yocasta y Edipo, Fedra e Hipólito, etc.

¿Es entonces Bertrand más bien un juguete, aunque se crea un manipulador?
Cabría pensar que hay manipulación en la película pero, si la hay, es muy especial: creo que los personajes se manipulan entre sí, como divididos entre sí y por sí mismos y que es esta división la que los manipula, en el sentido de que ocurren cosas que ellos realmente no quieren. Ellos quieren otra cosa pero lo que desean nunca les adviene. 

¿Puede decirnos algo sobre su próxima película, cuyo rodaje arrancará en marzo (leer más)?
Será una película de época, inspirada en la vida de Casanova (al que interpreta Vincent Lindon) tal y como él la escribió, en francés, por cierto. Se trata de un capítulo que transcurre en Londres y que constituye el único fracaso amoroso confeso por Casanova: el seductor por excelencia sufre aquí un revés monumental.

(Traducción del francés)

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