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SAN SEBASTIÁN 2018 Competición

Benjamín Naishtat • ​​Director

“Deseo que el cine sea una experiencia casi física”

por 

- SAN SEBASTIÁN 2018: El argentino Benjamín Naishtat compite con su tercera película, Rojo, una coproducción entre varios países americanos y europeos que viene precedida de su éxito en Toronto

Benjamín Naishtat  • ​​Director
(© Lorenzo Pascasio)

Benjamín Naishtat ha escrito el guion de su tercera película como director, Rojo [+lee también:
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, un policíaco atípico, revestido de humor y horror, que protagoniza Darío Grandinetti, secundado por Andrea Frigerio y el siempre enorme Alfredo Castro. Cineuropa se encontró con él en el 66° Festival de San Sebastián, en cuya sección oficial compite con buenas expectativas.

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Cineuropa: No es ésta tu primera visita a este festival, ¿verdad?
Benjamín Naishtat:
En 2013 vine a Cine en construcción con mi primera película, Historia del miedo [+lee también:
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, y al año siguiente la mostré en la sección Horizontes latinos, así que tengo una relación profunda con este certamen, que me encanta, sobre todo porque le da un lugar especial al cine latinoamericano.

En esta tu tercera película, la tensión es más latente que directa.
Sí, es una especie de policiaco, con lo cual el propio género te invita a un juego de sugestión, de misterio: la base para ir llevando al espectador y mantenerlo atento. Pero sí, me gusta trabajar con la tensión. El lenguaje del cine puede crear sensaciones según sus géneros: me encanta el terror, con el que jugué en mi primera película; deseo que el cine sea una experiencia medio física.

Pero al mismo tiempo, controlas mucho ese suspense, pues parece que no pasa nada, pero hay corrientes subterráneas terribles en lo que muestras.
Sí, Rojo cuenta la historia de una comunidad que, aunque intenta mantener las apariencias frente a algo que se está desmadrando por detrás, coincido con lo que dices: hay algo latente. Muestro las micromiserias de cada uno: ¿qué necesidad hay de aparentar? Sin embargo, cada uno vive a su manera: siempre es bueno que haya pequeños gestos en los personajes que haga que el público se identifique con ellos, y si eso se da por el lado de lo miserable, es una experiencia más fuerte, pues te empiezas a cuestionar a ti mismo. La película tiene muchos de esos momentos.

Rojo es también el retrato de una época en Argentina -los setenta- especialmente convulsa.
Claro, absolutamente. Entonces hubo allí un genocidio: desaparecieron más de 30.000 personas y se han rodado varias películas sobre esa época, pero Rojo intenta ir por el lado de la complicidad civil, algo de lo que también se habla en España con el franquismo y las fosas comunes en las cunetas. Están los factores directos y luego las condiciones necesarias de complicidad social y cultural, que son más complejas y controvertidas de abordar, pero me parecen más necesarias, pues si no, parece que la Historia es cosa de otros.

También en tu película se expone el contagio del mal, casi como un virus.
Más que un mal, da la sensación de que no hay buenos ni malos: hay gente que hace el mal. Ven que pueden hacer algo y lo hacen, porque pueden, porque existe un contexto de impunidad y de silencio, así que actúan. En la película se muestran distintas generaciones: los jóvenes, la clase media y la mediana edad. Cada lugar de la sociedad va jugando un rol: es como un retrato de comunidad, a pesar del género policiaco al que pertenece el film.

¿Ya se ha visto en Argentina?
Se estrena el 25 de octubre y estamos expectantes para ver qué reacciones y debates puede generar, teniendo en cuenta el presente convulso que hay allí ahora, con una gran crisis, otra más: una situación muy delicada y mala, con un gobierno de extrema derecha. Esa es la realidad.

Pero ¿es el pueblo argentino autocrítico: asume su responsabilidad?
Para nada. Tiene sus virtudes también, no soy un misántropo y me encanta mi país, con toda su riqueza, pero lo primero es ser sincero. Es un pueblo negador, que no se quiere conocer a sí mismo, que vive buscando reflejos en otras culturas, que tiene vergüenza de ser lo que es, es un pueblo con todo tipo de patologías, pero para hacer películas es muy bueno porque nunca te faltan temas ni personajes.

Rojo es una coproducción con Europa y Brasil…
Si bien es una película pequeña, es relativamente cara porque es un film de época y hay vestuario, extras y autos. No llegamos en Argentina para juntar el dinero para hacer una película así, y tuvimos coproductores de Francia, Alemania, Holanda, Brasil y Suiza, que confiaron en el proyecto, la distribuirán en esos países y aportaron fondos para llevar a cabo la producción. Desde el primer momento quería que pudiera ser leída independientemente del conocimiento histórico que uno tenga, también porque en Argentina las nuevas generaciones no son curiosas con la Historia, no saben lo que pasó: el diseño del film está enfocado para que pueda entrar cualquiera en la historia, y se empatiza con una comunidad que es cómplice de algo porque es bastante universal.

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