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BIF&ST 2019

Veit Helmer • Director de The Bra

“Cada mujer tiene sus propias obsesiones y sus propios motivos para probarse el sujetador”

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- Hemos hablado con el director Veit Helmer en el Bif&st de Bari sobre su película The Bra, protagonizada por Paz Vega y ambientada en un extraordinario y desaparecido barrio de Bakú

Veit Helmer • Director de The Bra

Un tren de carga pasa todos los días por el pequeño distrito de Baku, en Azerbaiyán, y se lleva lo que encuentra a su paso. Un día, un sujetador queda enganchado en el convoy. ¿De quién será? Así empieza la historia de The Bra [+lee también:
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, una encantadora película sin diálogos pero llena de poesía dirigida por el alemán Veit Helmer y protagonizada por Miki Manojlović, Denis Lavant, Paz Vega y Maia Morgenstern. Hablamos con el director sobre su nueva película en la 10ª edición del Bif&st de Bari, donde la película compite en la sección International Panorama.

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Cineuropa: ¿Cómo encontraste esta localización tan particular para tu película?
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en Azerbaiyán y tengo buenos recuerdos del país y de su gente. Después, mientras buscaba información en internet, encontré un par de fotos de una zona de Baku llamada Shanghai, donde las personas vivían a pocos metros de una vía por donde circulaban trenes de carga, y no podía creerlo. Fui a verlo en persona. No fue fácil de encontrar porque no hay calles ni aceras, y cuando viene el tren, tienes que huir para no ser arrollado. Era 2014 y me dijeron que esa zona pronto sería demolida. Tardé tres años en hacer la película pero, por suerte, seguía allí. Actualmente, sólo quedan las vías del tren; las casas han sido reubicadas.

¿Cómo podía existir un lugar como ese?
Muchas casas se construyeron después de la caída de la Unión Soviética. Llegaron muchos refugiados procedentes de Karabaj, y se usó cada trozo de tierra de Baku para instalar a estas personas, en condiciones adversas. Después, tuvieron acceso al gas, a la luz y al agua pero no era un lugar seguro. Era importante demolerlo porque murieron muchas personas. Hasta hubo un incidente durante el rodaje pero, por fortuna, no fue fatal.

¿Cómo surgió la idea de poner un sujetador en el centro de la historia?
Cuando exploras localizaciones desconocidas, la opción más común suele ser la historia de un extraño que llega a un lugar e intenta conectar con él. Elegí a un ingeniero ferroviario, el único extraño que pasa por este lugar todos los días. Muchas veces, el tren se lleva diversos objetos a su paso y la idea era que en su último día antes de jubilarse, el ingeniero encontrase un sujetador. Todos los objetos que ha encontrado a lo largo de su vida laboral han sido fáciles de devolver a sus dueños: un mantel, un balón… Pero un sujetador es un asunto delicado: encontrar a su dueña es una tarea interesante.

Un tema muy delicado porque estas mujeres tienen que probarse el sujetador…
Escribí la película con Leonie Geisinger. La idea era hacer seis escenas donde el ingeniero visita diferentes casas y le pide a las mujeres que se prueben el sujetador, algo parecido a Flores rotas de Jim Jarmush, donde Bill Murray se sumerge en varios universos, uno detrás de otro. Queríamos que las mujeres fuesen el hilo conductor: él es el ingeniero que quiere devolver el sujetador a su dueña pero cada mujer tiene su propia obsesión y sus propias razones para probárselo. Todas están un poco locas, pero resultan creíbles.

Muchas personas han comparado tu película con un cuento de hadas. ¿Compartes esta opinión?
No la comparto porque me gusta contar historias sobre situaciones inusuales pero aquí todo es posible. Los cuentos de hadas suelen tener elementos sobrenaturales, y yo diría que esta película se asemeja más a la poesía o al realismo mágico. Por supuesto, cuando alguien me pide que describa la película en pocas palabras, digo que es como Cenicienta pero con un sujetador en lugar de un zapato de cristal. Pero en este caso, yo no quería que el hombre encontrase a la dueña de la prenda.

Es una película sin diálogos, igual que tu primer largometraje, Tuvalu. ¿Qué te hace inclinarte por este estilo narrativo?
No hay muchas historias que puedan contarse de esta forma pero cuando lo consigues es muy gratificante, sobre todo cuando ves que el público conecta con esta experiencia mágica. Me siento conectado a este tipo de narración porque es universal: no hay doblaje ni subtítulos; no se pierden ni el significado original ni el sentimiento. Presentas la película tal y como la habías imaginado. El público puede conectar con ella a otro nivel. Yo quería que fuese una experiencia espiritual. ¡No le digas a mi diseñador de sonido que es una película muda! Crear el sonido fue un proceso muy intenso: lo que no se dice con palabras se expresa a través de imágenes y sonidos.

(Traducción del italiano)

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