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CANNES 2019 Competición

Jean-Pierre et Luc Dardenne • Directores de Le Jeune Ahmed

"El niño es más radical que los radicales"

por 

- CANNES 2019: Entrevistamos a los hermanos Dardenne con motivo de su octava participación en la competición de Cannes con Le Jeune Ahmed, su undécimo largometraje

Jean-Pierre et Luc Dardenne • Directores de Le Jeune Ahmed
(© Christine Plénus)

Ya es la octava participación (consecutiva) en el Festival de Cannes para los hermanos Dardenne, que en 20 años han cosechado dos Palmas de Oro, dos premios a la Mejor interpretación, un premio al Mejor guión y un Gran Premio. Se esperaba con impaciencia su nuevo trabajo, Le Jeune Ahmed [+lee también:
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, que parece inscribirse en la línea de El niño de la bicicleta [+lee también:
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o Rosetta. Adiós a las actrices consagradas como Marion Cotillard, Adèle Haenel o Cécile de France, heroínas de sus últimas películas. Los hermanos recuperan uno de los puntos fuertes de su cine: el descubrimiento de un joven talento desconocido que lleva el peso de la película de principio a fin.

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Cineuropa: ¿Por qué os interesa el destino de un niño radicalizado?
Jean-Pierre Dardenne: Los atentados que tuvieron lugar en Francia y en Bélgica fueron un desencadenante. La proximidad geográfica nos estremeció. Nos preguntamos cómo podíamos opinar sobre este tema a través de nuestro cine.

¿Quién es Ahmed?
Luc Dardenne: Decidimos que Ahmed fuese un chico muy joven, casi un niño, porque nos permitía mostrar cómo un cuerpo y cerebro jóvenes y maleables se ponen al servicio de un ideal de odio, transmitido por el discurso de un imán. El niño cree en ese ideal de pureza. Lo cree firmemente, y se vuelve más radical que los radicales. Y también quiere actuar. Además, queríamos mostrar que a veces el cuerpo puede escapar al razonamiento, que la vida puede prevalecer sobre la muerte. Intentamos escribir un personaje más mayor, pero nos aburría mucho. Demasiados discursos moralizantes; era siniestro. ¡No queríamos pasar varios meses de nuestra vida con él!

J-P. D.: Nuestra esperanza era encontrar una pequeña historia con un carácter universal. Ahmed está obsesionado con el recuerdo de su primo muerto “en combate”, que el imán reaviva en el momento oportuno. Ese culto a los muertos es terrible para él; es mortal.

El lenguaje de Ahmed es particular, oscila entre la violencia verbal y la impermeabilidad de todo discurso alternativo.
J-P. D.: Nos tomamos muy en serio la cuestión del fanatismo. El fanático no escucha al mundo exterior, construye un muro entre él y el resto del mundo. Su único objetivo es que los demás piensen como él a cualquier precio. La historia de la película es intentar que este chico encuentre “la impureza” de la que quiere protegerse, sin perder la ingenuidad. Llega un momento en que su cuerpo vuelve a tierra. Las palabras ya no sirven.

Sin embargo, Ahmed presencia varias manifestaciones de bondad.
L.D.: Había que llegar hasta el final con todos los personajes que intentan hacerle salir de su fanatismo. A veces sentimos que las cosas se tambalean. Cuando escribíamos nos dimos cuenta de que, a diferencia de nuestras películas anteriores, no podíamos crear un personaje que ayudase a Ahmed a convertirse en otra persona. Debía cambiar por sí mismo.

Esta impermeabilidad contribuye a alimentar la tensión dramática…
J-P. D.: ¡Teníamos muy presente esa tensión dramática y cruzábamos los dedos para que el espectador nos siga! Teníamos que conservar el equilibrio entre la impresión de que Ahmed está demasiado cegado para desviarse de su proyecto letal, y la esperanza de que no llegue a ejecutarlo. ¿Cambiará de opinión o no? También hay que decir que cuando grabas a un niño, hay cosas que se nos escapan a nosotros y cosas que se le escapan a él. No es un actor profesional que controla su cuerpo y sus movimientos. El actúa y la cámara está allí como una especie de vampiro. Intentamos dejarle esa libertad, que no estuviese todo controlado, ni para nosotros ni para él.

¿La religión es un tema difícil de abordar en el cine?
L. D.: La hemos abordado a través del cuerpo, donde ella coacciona. La religión entrena el cuerpo del niño para no tocar al otro, para no permitir que se acerque. Siempre lo protege del mundo, de la alteridad, de lo que podría contaminarlo.

Habéis declarado que en Cannes podría resolverse el conflicto entre Netflix y el mundo del cine, ¿por qué? 
L. D.: En la vida cultural, hay momentos propicios para la discusión, como es el caso del Festival de Cannes. Hay que presionar a Europa, que sepa que hay que dialogar con estas plataformas, pero no dejar que dicten la ley. Y si Netflix produce cine auténtico como Roma, mejor, pero tienen que proyectarse en una sala de cine. Cannes permite que estos temas salgan del marco jurídico para privilegiar la discusión y las relaciones humanas.

(Traducción del francés)

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