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SITGES 2019

Galder Gaztelu-Urrutia • Director de El hoyo

"La humanidad tendrá que afrontar el reparto justo de la riqueza"

por 

- Galder Gaztelu-Urrutia ha triunfado en la 52ª edición del Festival de Sitges al cosechar con su ópera prima El hoyo cuatro galardones, incluido el de mejor película de la Secció Oficial Fantàstic

Galder Gaztelu-Urrutia • Director de El hoyo

Galder Gaztelu-Urrutia (Bilbao, 1974) es director y productor de cine y publicidad, además de diplomado en Gestión de Empresa, especializado en Comercio Internacional. Firmó en 2003 el cortometraje 913 y ocho años después La casa del lago. El hoyo [+lee también:
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, su primer largo, fue galardonado con un premio del público del Festival de Toronto y tuvo su premiere estadounidense en el de Austin. En el reciente certamen de Sitges logró cuatro galardones: mejores película, director revelación, efectos especiales y del público.

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Cineuropa: ¿Por qué gusta tanto El hoyo, cúal crees que es su secreto?
Galder Gaztelu-Urrutia:
Por las múltiples lecturas que posee, aparte de su metáfora principal: en algún momento, la humanidad tendrá que afrontar el reparto justo de la riqueza. Y luego tiene muchas visiones y sublecturas de por qué eso es tan complicado. Se habla de por qué somos todos tan egoístas y –pudiendo hacer una crítica sencilla y populista del sistema capitalista– la película no se para ahí, sino que apela a la responsabilidad de cada uno y a que el individuo tiene que tomar iniciativas personales si queremos arreglar esto, porque no podemos esperar a que lo hagan los gobiernos o las grandes corporaciones. Tenemos que exigir responsabilidades a los mandatarios, pero tampoco lo van a hacer todo ellos, y si además los usamos de excusa para no hacer nosotros nada, al final no van a cambiar las cosas. No hay un ataque directo para nadie: la película no va contra los de arriba, sino sobre qué harías tú dependiendo de en qué nivel te encuentres. Hay en el film una crítica al sistema capitalista, pero también al socialista.

Es una película incómoda...
Es durísima. Queremos que el espectador, cuando salga de la sala, se quede con todas esas preguntas, comente, genere discusión, debate y reflexión, la misma que nos hacemos nosotros, pues no queríamos ser panfleteros, ni soltar sermones o adoctrinar. Hemos extrapolado nuestras propias preguntas a la película. Y no queríamos juzgar ni ofrecer soluciones milagrosas, porque no las hay. La humildad de la película, desde su concepto inicial y su producción, conectó con el público.

¿Hubo algún detonante que empujó a la gestación y creación del film?
La idea original es de David Desola, que coescribió un guion para teatro con Pedro Rivero. Aquél le llegó al productor, Carlos Juárez, que me lo pasó a mí. Me gustó mucho, aunque éramos conscientes de que había que cambiar cosas para llevarlo al cine: darle más acción, una forma más física y orgánica, y una estructura de avance. Con ese punto de partida, estuvimos dos años trabajando en el guion cinematográfico.

En el reparto destacan dos intérpretes –Iván Massagué y Antonia San Juan– vinculados al género cómico, pero en El hoyo se sumergen en el fantástico. ¿Por qué asumiste ese riesgo al contar con ellos?

Cuando empezamos a plantear esta película, sabíamos que su carga de fondo tenía mucho peso, pero teníamos que mantener su humor, la ironía y el surrealismo para que se aguantaran todas esas piezas tan serias, y por eso teníamos que descongestionar. A eso nos podía ayudar tener de protagonistas a actores cuyo background nos llevara a la comedia, porque el personaje se construye trabajando el guion con el actor, pero también por cual es su pasado interpretativo: eso ha ayudado también a no tomarnos a nosotros mismos tan en serio.

El espacio donde transcurre el film es un elemento narrativo fundamental. ¿Existía o se construyó?
Hubo que inventarlo, y fueron meses de trabajo pensando cómo sería ese lugar. Nos pusimos en la piel del sistema político y del arquitecto que lo hicieron: sabíamos que tenía que ser un sistema deficiente, barato, robusto, inexpugnable... y dimos con esa estructura de hormigón, tan rectangular y con proporciones homogéneas: por ejemplo, la base de la celda es igual, en proporciones, al agujero; y las placas de la pared son proporcionales a la planta. Está todo pensado, como si fuera obra más que de un arquitecto, de un ingeniero: buscando la eficiencia. Todo ello lo levantamos en un pabellón del puerto de Bilbao, que pertenece a Cruz Roja: construimos dos plantas y luego, en postproducción, se prolongó hasta el infinito.

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