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SAN SEBASTIÁN 2020 New Directors

David Pérez Sañudo • Director de Ane

"La frontera entre géneros me resulta fascinante"

por 

- Con su primera película, Ane, el bilbaíno David Pérez Sañudo habla de maternidades, incomunicación generacional y (re)unión ante la adversidad

David Pérez Sañudo • Director de Ane

La sección New Directors del 68º Festival Internacional de Cine de San Sebastián presenta entre sus descubrimientos de esta edición el film Ane [+lee también:
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entrevista: David Pérez Sañudo
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]
, ópera prima de David Pérez Sañudo (Bilbao, 1987), cineasta –también es productor y coguionista– que demuestra aquí sobrada madurez artística tras dirigir una decena de cortos. El film formó parte de la segunda convocatoria de La incubadora – The Screen, de la Escuela de Cinematografía de la Comunidad de Madrid (ECAM).

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Cineuropa: ¿Cómo llegó tu proyecto a La incubadora?
David Pérez Sañudo:
Visto ahora, con la perspectiva del tiempo, pienso que fue un proyecto que cayó de pie: tuvo el apoyo a la escritura de guion del Gobierno Vasco, luego a desarrollo y después a la producción, en tres años consecutivos. En paralelo conseguimos –no sin esfuerzo– que entrara ETB y eso formó la columna vertebral del film. Y, antes de rodar, conseguimos la ayuda de TVE y el Ministerio de Cultura, completando así el pack. En medio de ese camino apareció La incubadora, lo cual fue un regalo tremendo, porque nos posicionaba, le puso etiqueta de calidad al proyecto y distintos agentes ahora se enteran y se interesan por Ane.

¿Existe algún vínculo entre este largo y el cortometraje homónimo que rodaste dos años atrás?
No exactamente: hicimos un corto con el que coincide en tiempo, espacio y contexto, pero la historia no tiene nada que ver. Es un corto que utilizamos también para mostrar que teníamos solvencia técnica y que podíamos contar este tipo de historias.

Viendo tu película resulta inevitable pensar en el cine de los hermanos Dardenne: ¿son tus cineastas predilectos?
Sí, me gusta mucho su clarividencia para contar problemáticas muy globales desde casos muy concretos. Pero hay un tipo de cine más simbólico del que me siento también de alguna forma parte. No me gusta mucho trabajar con referentes, pero me gustan Mia Hansen-Love y Mar Coll (Tres días con la familia [+lee también:
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es un film que me apasiona). Por otro lado, yo he sido discípulo de Enrique Urbizu, quien fue mi profesor, así que también algo he heredado de su cine, siendo ambos muy diferentes. En ese punto en común entre dos maneras de hacer cine tan distintas yo me siento cómodo: en los límites entre el drama y el thriller. Esa frontera entre géneros me resulta bastante interesante.

¿De dónde proviene tu preocupación por los asuntos que aborda la película, como la paternidad y la incomunicación?
La educación es un tema muy metido en mi casa y en la de Marina Parés, la coguionista de la película: somos hijos de profesores y nos interesa todo lo que tiene que ver con la autoridad, la cual se le presupone al padre respecto al hijo; pero también la manera de verla de los hijos respecto a los padres es un eje sobre el que se puede vertebral la idea de confianza y comunicación, porque en cualquier relación comunicativa hay una reciprocidad. Pero en el caso de las relaciones paterno/materno-filiales, esa relación recíproca se da con matices, siempre asumiendo la autoridad del padre o de la madre respecto a los hijos. Eso nos aporta algo fascinante: lo que presuponemos todos que debe hacer un padre o una madre. No es casual que la protagonista se dedique a vigilar: mientras cuida algo en concreto, está desocupando su hogar; es lo mismo que le pasa a un profesor cuando está fuera de casa: está apoyando a los niños de los demás, pero no está atendiendo su hogar. En esa idea de la ausencia, la diferencia entre ocuparse y preocuparse –frase que hemos utilizado en la película-, se encuentran nuestra reflexión y nuestro interés sobre lo que supone la comunicación y la educación, y esa doble dirección que se produce dentro de la familia.

¿Por qué habéis decidido ambientar el film en 2009 y en las protestas contra el tren de alta velocidad?
Conocíamos esos conflictos que se dieron en esa fecha: entonces todo activismo adquiría unas connotaciones diferentes en Euskadi. Era un material jugoso para hablar de esa búsqueda que hace una madre de su hija, una búsqueda no sólo física sino también de identidad: ella se pregunta ¿quién es mi hija? Le daba aquellos años a esa búsqueda unos tintes de peligrosidad y criminalidad interesantes. Y nos gusta hablar de algo tan básico como una vía de tren o cualquier otra obra de ingeniería civil, como una carretera, que está pensada para comunicar dos puntos, pero lo que hace de manera simultánea es separar dos márgenes. Para hablar de la comunicación, el símbolo de la película está ahí: la idea de un trazado separando a dos personajes encierra la tesis de la película.

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