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Francia

Pascal Rabaté • Director de Les Sans-Dents

"Los personajes intentan evolucionar y divertirse en los espacios prohibidos a los demás"

por 

- Pascal Rabaté habla de su nueva película presentada en el FilmFest Hamburg, Les Sans-Dents, una comedia disparatada, casi absurda y sin ningún diálogo, sobre la pobreza

Pascal Rabaté  • Director de Les Sans-Dents

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, estrenada en el FilmFest Hamburg, es el cuarto largometraje de Pascal Rabaté después de Río abajo [+lee también:
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 (2010), Ni à vendre ni à louer [+lee también:
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. Esta película, vendida por Films Boutique, y protagonizada, entre otros, por Yolande Moreau, Gustave Kervern y François Morel, será distribuida en Francia por Jour2Fête.

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Cineuropa: ¿Cómo surgió la idea de Sans-Dents? ¿Un retrato de grupo? ¿Una película sin diálogo como Ni à vendre ni à louer?
Pascal Rabaté: Yo quería hablar de personas de las que se habla poco. Hay muy pocas películas sobre las categorías sociales que dejamos en los márgenes. Empecé a elaborar una idea de retrato de grupo y, para hablar de aquellos a quienes no les damos la palabra, me parecía lógico hacer una película muda. También surgió la idea de una torre de Babel invertida: un mundo compuesto por personas de orígenes diversos, de diferentes países, y que casi han perdido las palabras. Después, pensé que también debía hacer la película sin música.  

Sobre esa base, ¿cómo escribiste el guión?
Al principio, pensaba en un grupo poco numeroso. Me han marcado películas como Feos, sucios y malos, de Ettore Scola, aunque la influencia es muy lejana. Yo quería hacer un retrato de una colectividad multicultural y polifacética. Pero, poco a poco, se fue reduciendo porque había tantos personajes, que empezó a convertirse en una anécdota y una broma, y se perdía un poco de carácter en los personajes. Entonces hice una especie de mosaico reagrupando, por ejemplo, tres o cuatro personajes en uno. También creé un sistema de parejas en el interior de la comunidad y los personajes surgieron de forma empírica. Quería hacer una película sobre los vertederos, los espigadores como los llamaba Agnès Varda, los traperos, personas que dejan poco rastro en la literatura y de forma miserable. Quería hacer una comedia que hablara de eso, y pensaba que quizás podría tratar el tema de forma humorística y sensible.  

El humor absurdo de la película da un lugar importante al reciclaje lúdico de los aparatos, de las tecnologías de la vida contemporánea.
Hay una especie de negación hacia las sobras viejas, como la sociedad del espectáculo, porque ven comedias de situación. Pero van por libre. Las hemos puesto en los márgenes, por lo que intentan evolucionar y divertirse en los espacios prohibidos a los demás: el baño en las algas verdes, cabañas en desuso, carreras en áreas de descanso de carreteras abandonadas. Son personas abandonadas. De esta situación surge inevitablemente el absurdo. Mientras creaba esta sociedad, pensé: “vaya, si no van a jugar al tenis, ¿para qué quieren una raqueta? La usarán para hacer patatas fritas si la pegan a un lanzador de bolas”. Cuando no necesitamos un objeto, lo usamos de otra forma. Un bidet puede servir de criadero de peces, una raqueta matamoscas puede electrocutar a los peces, etc.

¿Cómo encontraste el decorado del vertedero?
Yo soñaba con un terreno baldío y una especie de aldea escondida debajo. Pero ese decorado hubiera costado mucho dinero. Con el diseñador de producción, Angelo Zamparutti, el director de fotografía, Noé Bach, y la primera asistente, Sonia Lila Tahallah, exploramos todos los vertederos de la Isla de Francia, sobre todo el más grande a cielo abierto donde hay un mar de lavadoras, pero no conseguimos la autorización para entrar. Al final, encontramos uno. La basura que faltaba la llenamos nosotros, pero toda la basura de alrededor y del camino de entrada es de siete meses de desechos: ¡Es terrible!

¿Cómo trabajaste con los actores la expresividad de una película muda?
Yo quería que cada uno tuviera una lengua propia, que no pasara por la palabra, por lo que hay diferentes modos de expresión: gruñidos para unos, risas para otros, un gromelot que es una mezcla caótica de sílabas, eructos, silencio, gritos, etc. Cada uno intentaba interpretar con su cuerpo. Yo vengo del cómic y del dibujo y, para mí, el cuerpo debe hablar. Les pedí que interpretaran de forma realista con un lenguaje propio y que todo el mundo pudiera comprender. Además, al principio, quería que el título de la película fuera Desesperanto.

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(Traducción del francés)

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