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BERLINALE 2021 Forum

Vincent Meessen • Director de Juste un mouvement

"Intento desplazar la ética del documental desde una relación de la verdad hasta una relación de la alteridad"

por 

- BERLINALE 2021: Hemos entrevistado al artista contemporáneo belga, que nos habla de su nueva película híbrida entre documental y ensayo filmado

Vincent Meessen  • Director de Juste un mouvement

Hablamos con el artista contemporáneo belga Vincent Meessen, cuya nueva película, Juste un mouvement [+lee también:
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entrevista: Vincent Meessen
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, un híbrido entre documental y ensayo grabado, se ha proyectado en la sección Forum de la Berlinale 2021

Cineuropa: ¿Cómo surgió este proyecto atípico?
Vincent Meessen: Hace unos años descubrí una fotografía del militante e intelectual senegalés Omar Blondin Diop leyendo el último número de la revista Internationale Situationniste. En esa época, yo trabajaba en la participación de estudiantes congoleños en un movimiento de vanguardia, que había decidido utilizar la cultura para hacer un trabajo político a finales de los años 50, en el marco de mi participación en la Bienal de arte de Venecia para el pabellón belga.

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La Internacional Situacionista había tenido un impacto enorme en el pensamiento de las formas, en la relación entre vida cotidiana y política, el arte y la cultura. Rápidamente comprendí que Omar también había aparecido en la película La Chinoise, de Jean-Luc Godard. Vi dos temas interesantes, tanto que cuando empecé a interesarme, la familia de Omar acababa de solicitar de forma oficial la reapertura de la investigación sobre su muerte, que tuvo lugar en 1973.

Yo quería hacer este retrato de manera relativamente clásica, utilizando un protocolo y una ética documentales. Pero la idea no consiste tanto en presentar una verdad sobre el personaje sino en ponerlo en perspectiva, restaurar su complejidad por fragmentos.

¿Esa articulación surgió desde el principio?
Claro, estamos ante una película de montaje, pero esta idea de película doble me interesó desde el principio.

Sin embargo, era algo inexplorado. Nuestro primer rodaje, que debía ser una simple búsqueda de localizaciones, nos aportó mucho material. En ese momento, decidí radicalizar una opinión de Godard, el eslogan “una película en proceso”.

Hay un trabajo de fondo, una preparación, pero también están las condiciones de felicidad, las casualidades. La visita del vicepresidente chino, el encuentro con el campeón senegalés de kung-fu. No lo podíamos prever, pero su presencia viene a alimentar la historia. Devolvemos así el método godardiano al trabajo. Estos riesgos conducen a la creatividad y a la felicidad.

Se superponen diferentes niveles. Pero la idea es hacer una película comprensible, sobre todo para los espectadores que nunca han escuchado hablar de La Chinoise.

¿Podrías contarnos cómo organizaste las entrevistas con los testigos de la época? Da la impresión de que miran hacia un lugar lejano, hacia un fantasma, o un recuerdo.
Para recoger sus palabras, queríamos girar en torno a los testigos, sin atraer necesariamente su mirada. Hay una circularidad, grabamos en torno a un personaje ausente, que es nuestro nudo, sabemos que nunca vamos a conseguir fabricar una verdad. Desde el principio, hay un punto de fuga inalcanzable.

Esta cuestión del contrato con la realidad es algo en lo que llevo trabajando mucho tiempo. Lo he problematizado en todos mis proyectos. Hay una ética del documental y de la investigación a la que me aferro con fuerza, que hace que cuando el espectador ve a los testigos hablar sabe que no le mentimos. Hay que establecer un contrato con el espectador sobre esta base. Después, podemos implementar otra capa, complejizar la relación con la realidad, que sólo puede ser una relación de verdad. Yo intento desplazar la ética desde una relación de verdad a una relación de alteridad. Puede parecer teórico y abstracto, pero es lo que intenté hacer.

Con la penumbra, también recreamos un espacio casi fantasmal, donde los testigos dan su testimonio, una transferencia de memoria. En un espacio con colores bastante decolorados, en oposición a los colores de la película de Godard.

Hay un espacio muy abierto en la película, el de la ciudad, de lo contemporáneo, de lo que sucede en el presente. Y luego hay un espacio confinado, el espacio de un duelo que no ha podido hacerse hasta el presente, y donde el personaje de Omar continúa asediando a la escena política, e incluso artística. En todo caso, es mi forma de reconstruir el personaje, sabiendo desde el principio que estoy condenado a traicionarlo.

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(Traducción del francés)

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