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SAN SEBASTIAN 2022 Competición

Christophe Honoré • Director de Le Lycéen

"Quería concentrarme en las emociones, en los sentimientos"

por 

- El cineasta francés vuelve con una punzante obra, de raíces muy personales y muy lograda a nivel formal, centrada en un adolescente en pleno duelo

Christophe Honoré • Director de Le Lycéen
(© SSIFF/Gari Garaialde)

Estrenada en Toronto, Le Lycéen [+lee también:
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de Christophe Honoré, interpretada por Paul Kircher, Vincent Lacoste, Juliette Binoche y Erwan Kepoa Falé, compite en la 70ª edición del Festival de San Sebastián, una novedad para el cineasta francés habitual de Cannes (principalmente con Las canciones de amor [+lee también:
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en 2007 y 2018).  

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Cineuropa: Le Lycéen está inspirada en un acontecimiento doloroso de tu juventud. ¿Cómo abordaste su transposición al cine?
Christophe Honoré: Me había fijado como objetivo expresar emociones ligadas a un periodo particular de mi adolescencia, cuando mi padre desapareció. Es una película que he pospuesto a menudo, además ignoro el porqué, pero me sentía bastante preparado para volver a intentar proyectarme en esta historia. Quería intentar no hacer una película nostálgica. Muchos cineastas han evocado su adolescencia y para ellos es también una manera de recrear una época, a través de los escenarios, la ropa, la música. A mí eso no me interesaba, yo quería centrarme en las emociones, en los sentimientos, no dejarme llevar por una ola melancólica y dulce. Quería intentar encontrar la violencia y la brutalidad de ese momento particular. Por eso me dije enseguida que había que trasladar y repetir estas escenas en la actualidad. La película se ha construido sobre estas dos ideas: no tener miedo de transitar sentimientos y un periodo que no fue el más tranquilo de mi vida, pero evitar la nostalgia, la complacencia, intentando enfrentar eso a un hombre joven de hoy y a una voluntad de retratar a un hombre joven actual.

La película es guiada por la voz del personaje principal, que narra, y está grabada no se sabe bien dónde; y la secuencia narrativa está salpicada de micro variaciones, de recuerdos a veces en desorden temporal. ¿Por qué esta estructura?
Era el origen del guion y era uno de sus placeres. Me inspiré mucho en El adolescente, de Dostoïevski, cuyo narrador empieza el relato al principio de la novela pero, al mismo tiempo, es incapaz de mantenerlo. Para mí, era muy importante que Lucas contara un pasado tan reciente que invadiera su presente. Y no quería contar esta película desde el hombre que soy hoy con más de treinta años de diferencia, algo que suele suceder a menudo con una voz en off donde la historia contada ya hizo historia porque, aunque seamos sinceros, a menudo terminamos poniendo los elementos en orden otra vez. Yo quería que la adolescencia estuviera presente en el relato mismo, no solamente en la temática, la edad del personaje, lo que le ocurre, las ideas de las primeras veces, etc., sino más bien en la inmadurez de la historia, algo no domesticado. Esta voz en off es vacilante, balbucea, anuncia que va a contar una cosa y al final habla de otra. Tenía la impresión de que en los reflejos que eso podía crear, en esa ilusión, podía intentar acercarme bastante a la adolescencia. A mi edad y porque tengo una hija de la edad del personaje, se tiene una idea de la adolescencia que se construye a partir de lugares comunes y en el cine hay que luchar contra eso porque todo nos devuelve a los clichés. Esta voz vacilante, esta no seguridad de la historia me permitía estar más cerca del personaje.

Después, me ocurrió al trabajar con la voz en off en otras películas y no me gusta grabarla en el momento del montaje porque a menudo me parece que eso ya no pertenece a la película. Así que siempre me las arreglo para grabar las voces en el mismo momento del rodaje. En general, las grabo para presionar un poco al actor o a la actriz para que se lo sepan de memoria, que no sean voces de lectores sino voces habladas en presente. Así que filmé a Paul Kircher y no pensaba usar necesariamente esos planos en el montaje, más que en los 12-13 minutos de grabación de su texto, donde él vivía literalmente esta voz. Desde que vi las pruebas de cámara, me gustaron esos planos y me pareció interesante seguir el rastro en la película porque el personaje estaba allí. Como ocurre en el guion, al final de la película, yo quería que la historia fuese retomada por la madre en voz en off, así que hablé con Juliette Binoche para grabarla y, de manera natural, ella miró al objetivo, algo que le da un estatus muy diferente al de Paul Kircher, que nunca miraba al objetivo. Estos dos motivos me parecieron buenos para hablar de un personaje adolescente que no sabe lo que está contando y de un personaje adulto que es capaz de narrarse, y quizás sea eso el pasaje de la adolescencia a la edad adulta o al mundo adulto: ser capaz de ser su propio narrador.

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(Traducción del francés)

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