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CANNES 2009 Competición / Francia

Enter the Void: sexo, drogas, bajos fondos y un viaje astral

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Enter the Void: sexo, drogas, bajos fondos y un viaje astral

La proyección en la competición del Festival de Cannes de Enter the Void [+lee también:
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, tercer largometraje del argentino Gaspard Noé, acabó con un sonado alboroto en el que se mezclaban entusiastas aplausos y silbidos. Siete años después de Irreversible, el rebelde director vuelve a Cannes con esta coproducción entre Francia, Alemania e Italia que se ha ganado tantos defensores como detractores: 150 minutos de un radical "viaje" nocturno por los barrios bajos de Tokyo al más puro estilo Noé, que siempre nos sorprende con la transgresión de su puesta en escena.

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Enter the void se inspira en el Libro Tibetano de los Muertos para narrar las distintas etapas de un viaje astral post mortem. Los protagonistas de la historia son el joven occidental Oscar (Nathaniel Brown) que trafica a pequeña escala con éxtasis, LSD y DMT y su hermana Linda (Paz de la Huerta), con la que vive. La película comienza en cámara subjetiva con una alucinación al estilo del final de 2001: Odisea en el espacio para luego seguir, ya en movimiento, una conversación por la calle entre Oscar y otro yonqui (Cyril Roy) sobre los efectos de la droga ("vas a acabar por quemarte los sesos") y la muerte. A continuación, Oscar entra en el bar The Void, donde la policía le acribilla a través de la puerta del baño donde se había escondido.

Comienza entonces un viaje astral que pasa por los recuerdos fragmentados de la vida de Oscar y Linda minada por el accidente de coche que acabó con la vida de sus padres y que presenciaron cuando eran pequeños. Flashbacks sobre el signo del agua (una piscina, una bañera, el mar) marcados por el pacto de sangre que hicieron los hermanos prometiéndose no abandonarse nunca. Ahora el errante fantasma de Oscar atraviesa paredes, sobrevuela un Tokio fluorescente, pasa a través de las farolas y se mete en las mentes de unos y otros. Un paseo entrecortado por los recuerdos de su vida reciente en Tokio y centrado en su círculo social: su amigo Alex, Victor (que fue quien le acusó), el mezquino traficante Bruno y en especial Linda, que trabaja como bailarina de strip-tease en el club Sex Money Power y que está devastada por la muerte de su hermano ("mi vida ha acabado, con toda esa gente dañina, son malvados"). Rápidas idas y venidas entre el pasado y el futuro que detallan la bajada a los infiernos de Oscar en Tokio mientras intenta encontrar en la muerte la forma para reencarnarse.

Pantallas en blanco, pantallas en negro, imágenes vacilantes, fundidos en rojo, la cámara gira o se balancea en una especie de estado de embriaguez, fulminantes planos picados o en imposibles travellings y primeros planos que escudriñan las caras y los cuerpos de los personajes: Gaspard Noé explota todas las posibilidades de los efectos especiales, la luz, el sonido y el montaje, creando una puesta en escena fascinante para algunos y extravagante para otros. Su alto contenido sexual, las violentas emociones y la noche de un Tokio fantasmagórico y de los frenéticos juerguistas occidentales hacen de Enter the Void una película fuera de toda norma que, en ningún caso, deja indiferente.

(Traducción del francés)

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