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PELÍCULAS Reino Unido / Alemania

Anonymous, Shakespeare y Roland Emmerich

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Anonymous, Shakespeare y Roland Emmerich

Ser o no Ser… ¿y William Shakespeare, era o no era? Woody Allen se preguntó quién había escrito Hamlet y El rey Lear. "El hombre corriente en la mayoría de los casos os declarará presuntuosamente: «El Bardo Inmortal de Stratford on Avon». Haced ahora estas preguntas a ciertos detectives literarios que parecen aflorar periódicamente a través de los años, y no os sorprendáis si os salen con respuestas como Sir Francis Bacon, Ben Jonson, la reina Elizabeth y posiblemente hasta la Ley del Suelo".

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Esta vieja cuestión, a la que se acercaron en el pasado figuras como Mark Twain, Charles Dickens, Sigmund Freud, Orson Welles, marca ahora el sonado regreso a Europa del rey de las producciones hollywoodienses sobre el fin del mundo: Roland Emmerich. El director alemán, llamado "das Spielbergle aus Sindelfingen" ("el pequeño Spielberg de Sindelfingen" en dialecto del sur de Alemania), se debatía en sus inicios en 1977 en una escuela de cine de Múnich entre el culto a autores como Fassbinder o Wenders y la fascinación de Star Wars. Hoy contempla el mundo desde lo alto, con 800 millones de dólares recaudados por Independence Day y otros éxitos como Stargate, Godzilla, El día de mañana o más recientemente 2012. Si para Emmerich "el tamaño no importa" (como decía el eslogan de Godzilla), ¿por qué no medirse con un coloso intelectual como William Shakespere en un thriller histórico de grandes proporciones rodado en los estudios Babelsberg?

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el testimonio del actor shakesperiano Derek Jacobi, miembro de la Shakespeare Authorship Coalition (doubtaboutwill.org). La tesis de la película consiste en que el autor de las obras de Shakespeare sea Edward De Vere, conde de Oxford, a quien encarna uno de los actores más representativos del cine británico actual: Rhys Ifans (Notting Hill, I Love Radio Rock).

En la segunda mitad del siglo XVI el conde de Oxford es amante de la legendaria Isabel I (Joely Richardson de joven y Vanessa Redgrave de mayor), la Reina Virgen, protagonista durante un largo tiempo de la política europea con conflictos religiosos y guerras. El periodo isabelino coincidió con un extraordinario florecimiento artístico y cultural. El conde de Oxford, totalmente ajeno a las intrigas de poder, se dedicó de manera incansable a la composición de endecasílabos, sonetos, tragedias y comedias, y vio en el joven dramaturgo Ben Jonson (Sebastian Armesto) al hombre que podría captar la atención del público para sus obras, pasando por artífice de aquellos escritos inmortales. Sin embargo, robará su autoría un actorucho arrogante y vanidoso de nombre William Shakespeare (Rafe Spall).

En la película la trama literaria se funde con la sentimental, que guarda sorpresas todavía mayores, entre flashbacks y giros argumentales pseudohistóricos. La Londres isabelina, plúmbea y cubierta de hollín aparece reconstruida con abundantes detalles en los decorados de Sebastian T. Krawinkel y el vestuario de Lisy Christl, todos ellos capturados por la fotografía de Anna Foerster. Emmerich, ambicioso, hace uso de la profundidad de campo para poner en foco y ensamblar a los actores con los espacios que habitan, sin correr el riesgo de dejar de lado la impronta propia.

No obstante, tras la ostentosa máscara de taquillazo, la historia consigue asombrar por su contenido: Anonymous no se cuestiona solo “sobre el poder de montar un espectáculo” sino también sobre la inmensa fuerza de la escritura. Como teorizó el famoso crítico literario estadounidense Harold Bloom en su ensayo Shakespeare: The Invention of the Human, el poeta, habiendo dado con el método más arraigado de representación del carácter y de la personalidad humana a través del lenguaje, inventó también al hombre como hoy en día lo conocemos. La literatura (al igual que el cine) incide en nuestra vida y no al revés. La máquina de los sueños que llamamos cine es la artífice de la materia de que estamos hechos.

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(Traducción del italiano)

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