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KARLOVY VARY 2012

The Exam: el espía tramposo

por 

- Presentado en estreno mundial en Karlovy Vary, el segundo largometraje de Péter Bergendy, tenso y repleto de giros, bebe de la tradición del cine de espías

The Exam: el espía tramposo

Gracias al interés que despertó su primer largometraje, titulado Stop Mom Theresa!, Péter Bergendy dispuso de una línea de financiación pública cómoda (en el seno de una industria cinematográfica húngara que es todo menos sencilla) para hacer The Exam (leer más), proyectada en estreno mundial en la sección competitiva East of the West del 47° festival internacional de cine de Karlovy Vary.

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La acción transcurre la víspera de la Navidad de 1957 en Budapest, un año después de la revolución. El primer ministro ordenó vigilar sistemáticamente a sus propios agentes secretos en su lucha con los contrarrevolucionarios. En este ambiente de terror y frío, los jefes de uno de estos agentes someterán a una inesperada prueba su lealtad con el Estado Socialista. Jung vive sin cobertura de ningún tipo en un piso en el que se reúne con otros informadores a los que identifica; sin embargo, la entrada de la mujer que ama en ese espacio vigilado echará a perder tanto el test como la ambiciosa carrera del agente. Su mentor decide entonces tomar cartas en el asunto para encubrir a su protegido frente a un gobierno demasiado paranoico.

Si comparamos The Exam con El topo, otra película de espías reciente que transcurre en un momento clave de la historia europea, quedamos impactados por la sencillez narrativa de aquella a pesar de que esta comparta un contexto político e histórico no menos complejo. The Exam hunde sus raíces en el thriller psicológico; sus espacios cerrados y la reducida duración de la intriga (una noche) tensan la historia como una cuerda de piano que el guion firmado por Norbert Köbli hace vibrar sin falsetes, aunque también sin la virtuosidad, en ocasiones indescifrable, de la película del sueco Tomas Alfredson. La dirección, eficaz, inteligente y, sin embargo, evidente, adoptará un aire ciertamente previsible a raíz del giro del tercer acto. Péter Bergendy se esfuerza por evitar la anticipación difuminando las pistas mediante la prestación de sus actores, entre los que destacan especialmente el alumno (Zsolt Nagy) y el maestro (János Kulka): dos actores carismáticos que ya compartieron protagonismo en la excelente Kontroll, de Nimród Antal. Los rostros de ambos no dejan de enviar señales que distraerán la atención del espectador hasta la resolución final, cínica y servida quizá con demasiada frescura para aquellos espectadores conocedores del género.

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(Traducción del francés)

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