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BLACK NIGHTS 2016 Competición Óperas Primas

Caina: j’accuse, Europe!

por 

- La primera película del director italiano Stefano Amatucci es una repulsa sombría y distópica a la perversión hipócrita en la que se ha convertido Europa

Caina: j’accuse, Europe!
Luisa Amatucci en Caina

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, del director italiano Stefano Amatucci, se ha encontrado con reacciones bastante negativas tras su estreno a nivel mundial en la competición Óperas Primas del Festival Black Nights. Basada en la novela escrita por el coguionista Davide Morganti, que en un primer momento fue una obra de teatro, la película presenta a una heroína fácil de odiar y una puesta en escena y un diálogo melodramático, así como un montaje sorprendentemente rápido. Por ello quizás no sorprende que los desprevenidos expertos del cine independiente europeo se sintieran desalentados con esta película, que condena de manera muy eficaz a la sociedad europea como el monstruo en el que se ha convertido.

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Caina se ambienta en un futuro cercano y distópico, donde la protagonista se gana la vida recogiendo los cuerpos de los refugiados arrastrados a la costa de Italia, que se usan más tarde para hacer cemento. Caina (la fantástica Luisa Amatucci) es una antigua asesina a sueldo que cree en la pureza racial y que escupe insultos xenófobos, incluso al cura católico que predica paz y amor en esta atmósfera. Sin embargo, aquí no hay tipos buenos: tras expresar su descontento con el odio de Caina, camina este sobre el suelo de la iglesia que una mujer de tez oscura acaba de limpiar y le dice “A diferencia de tu país, aquí tenemos suficiente agua. Friégalo de nuevo”.

Caina se encuentra bajo doble presión, porque además de las normas que le exigen contratar a un ayudante (y solo hay “negros” para escoger) y a realizar una lista que incluya el estado y origen de los cadáveres, existe una fuerte competición: un grupo ilegal de cazadores de cuerpos se encuentra entre ellos y registra a los extranjeros de Oriente Medio y África. Uno de ellos se convertirá, casi contra la voluntad de Caina, en su ayudante, lo que quizás permita que algo de humanidad resurja en el corazón de la joven.

La puesta en escena en realidad pertenece más al teatro. Las escenas secundarias, que en el cine tradicional se editarían por separado, se ponen en la misma toma, de modo que recuerda a una obra de Shakespeare donde los personajes secundarios comentan en la acción principal desde una esquina del escenario. Los diálogos también son muy melodramáticos, parecen más declamaciones de un texto pre escrito que conversaciones naturales, pero todo esto se ajusta al tema. La Europa de hoy en día es como un escenario del siglo XIX donde los demagogos y los tiranos eran libres de gritar a los cuatro vientos sus despreciables erróneas ideas, mientras que la audiencia de clase alta aplaude desde la platea sus inhumanas, aunque para ellos agradables, ideas, los enfants du paradis piden pan en las tribunas.

En Caina, los cuerpos de los refugiados se emplean para hacer cemento, que hace las paredes más resistentes, y esto es exactamente con lo que se han construido las paredes de la fortaleza europea durante siglos: los cadáveres de los no europeos en las colonias en otros continentes. Su fortaleza protege a la sociedad “sofisticada, tolerante y erudita” que vemos derrumbarse.  Con un montaje inusualmente rápido a manos de Paco Centomani, Caina exige una atención constante por parte del espectador, y nos pide que nos despertemos de la pesadilla que hemos creado.

Caina es una coproducción de las italianas Déjà vu y Movieland.

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(Traducción del inglés)

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