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BERLÍN 2018 Fuera de competición

Crítica: 7 días en Entebbe

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- BERLÍN 2018: La película de José Padilha y Working Title sobre el rescate de rehenes en Uganda en 1976 por parte de Israel se proyecta fuera de concurso en Berlín

Crítica: 7 días en Entebbe
Daniel Brühl y Rosamund Pike en 7 días en Entebbe

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, del director brasileño José Padilha, reexamina el secuestro del vuelo 139 de Air France en 1976, relatando un ataque liderado por los palestinos que tuvo lugar sobre todo en Uganda, principalmente desde el punto de vista de los personajes blancos. La historia va alternando entre las interacciones del secuestrador alemán Wilfried Böse (Daniel Brühl) y Brigitte Kuhlmann (Rosamund Pike), el debate sobre cómo gestionar las exigencias de rescate a nivel ministerial entre el primer ministro israelí Isaac Rabin (Lior Ashkenazi) y el ministro de Defensa Shimon Peres (Eddie Marsan), y la vida doméstica y laboral de una intérprete (Andrea Deck) en la Batsheva Dance Company, la principal compañía de danza de Israel, y su novio, un soldado (Ben Schnetzer).

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Se dedica incluso más tiempo a la vida interior y los pensamientos del ingeniero del equipo francés (Denis Menochet) que a la compleja participación del líder de Uganda Idi Amin (Nonso Anozie). En esta historia se produjo la trágica muerte de cinco israelíes, pero también la de al menos 20 soldados ugandeses y de los secuestradores (aunque esto suscite menos simpatía). Pero no se les pone cara a los soldados africanos, sus vidas y condición ingenua no son del interés del director. Tampoco se hace mención a que Amin ordenó la matanza de cientos de civiles kenianos que vivían en Uganda, después de que el gobierno de Kenia ayudara a Israel a preparar la misión de rescate.

El director brasileño, que ganó el Oso de Oro de Berlín en 2008 por Tropa de élite, demuestra una gran habilidad para las escenas de acción y el aumento gradual de la tensión entre los personajes. El secuestro en sí es impactante, y las tensiones bullen en las conversaciones entre los protagonistas, salvo en las frases pronunciadas por Amin, que se presenta como un gracioso villano de pantomima. La película muestra a Entebbe como el momento decisivo de la historia militar israelí, ya que concierne las vidas de tres hombres que han sido primeros ministros de Israel: Rabin, Peres y, de forma indirecta, el actual jefe de estado, Benjamín Netanyahu. Padilha considera el secuestro y el rescate como el punto en que la fuerza militar reemplazó a las palabras y, aunque deja claro que el diálogo es imprescindible si se quiere lograr la paz, es una conclusión difícil de asumir después de ver una película en la que apenas se les da espacio a los palestinos y a los africanos para que hablen por sí mismos. Una escena que sí muestra a un combatiente palestino argumentando que lo que creó a Israel fue la vergüenza alemana y que después los israelíes ocasionaron esa misma humillación a la población palestina, se produce con tan poco contexto que parece más un manido análisis freudiano que una cuestión para reflexionar. Resulta más efectivo el salto a la compañía de danza sobre el escenario durante el ataque de Israel al aeropuerto, que le da una nueva e impresionante dimensión a las secuencias de acción. Es una lástima que el resto de la película carezca de este ingenio.

En cuanto al reparto, tanto Brühl como Pike han tenido mejores días. Con su convicción y seguridad en sí mismo, Marsan resulta escalofriante, mientras que Ashkenazi es creíble como el líder atormentado. Deck y Schnetzer, como la joven pareja, son convincentes en su inocencia y, siempre que Menochet aparece, es el elemento central de cada escena. Se han rodado varias películas sobre Entebbe posteriormente al secuestro: Brigada antisecuestro (1977) de Irvin Kershner, Operación Relámpago (1977) de Menahem Golan y Victoria en Entebbe (1976) de Marvin J. Chomsky, aunque ninguna ha envejecido muy bien, y es poco probable que a esta coproducción (distribuida por Working Title y Participant Media) le vaya mucho mejor.

(Traducción del inglés por Marta Quirós)

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