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PELÍCULAS Italia / Francia

Crítica: Loro 1

por 

- Paolo Sorrentino ha querido entrar en la consciencia del polémico político y empresario Silvio Berlusconi sin intención moralista

Crítica: Loro 1
Toni Servillo y Elena Sofia Ricci en Loro 1

Un torero. Así define a Silvio Berlusconi Paolo Sorrentino en las notas del director que acompañan su octava película, Loro [+lee también:
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, dedicada al cuatro veces elegido primer ministro italiano. La cinta, dividida en dos partes, se estrena hoy y el 10 de mayo en los cines italianos. Con una cita de Hemingway (que en Fiesta escribe “nadie vive por completo su vida, salvo los toreros”), el oscarizado director napolitano declara haber querido entrar en la conciencia del polémico político y empresario. Así, ha imaginado su día a día, dictado por la extraordinaria vitalidad de una existencia decadente y amoral. Con Loro 1, escrita con Umberto Contarello, Sorrentino se aleja definitivamente de la socarrona exposición de la quintaesencia del poder de El divo [+lee también:
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 (2008) y de la intensidad visual de La gran belleza [+lee también:
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 (2013). Con los tonos de una ternura que no filtra repulsión, Loro 1 pasa a un enfoque grotesco, sin malicia y ligero, desprovisto de toda intención moralista, desligando los impulsos y las pasiones de las acciones que han causado revuelo político, judicial, mediático y hasta histórico.

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La cinta arranca con una cita del escritor Giorgio Manganelli, “todo documentado, todo arbitrario”, y una cándida ovejilla que brujulea por las habitaciones de una maravillosa villa en Cerdeña. La acción se desplaza inmediatamente a Apulia, donde se desenvuelve con soltura un proveedor de prostitutas de lujo (Riccardo Scamarcio) para los potentes políticos locales. A este hombre se le queda pequeña la región y está dispuesto a todo con tal de llegar a “Él”. Aquí arranca el juego del quién es quién y Sorrentino enriquece el amplio elenco de personajes reales que han girado en torno a Berlusconi (incluidos antiguos ministros poetas que intentaron traicionarlo) con temas de pura fantasía. El protagonista, interpretado por Toni Servillo, no aparecerá hasta entrados ya una hora en el metraje, disfrazado ridículamente de odalisca para arrancar una sonrisa a la mujer (Elena Sofia Ricci). No en vano, Veronica lee a José Saramago y sopesa divorciarse. Estamos en el verano de 2006, en el tercer gobierno de Berlusconi, que no duró más que un año. El magnate de la TV privada está aislado en su residencia sarda, atraído por un grupo de vistosas chicas que la lían en una casa colindante.

Antes de llegar a ese punto, al espectador no se le ahorra nada de ese mundo de tetas y culos, jovencitas dispuestas a todo, fiestas riquísimas y mal gusto, grandes dosis de cocaína y una lluvia de pastillas de MDMA en la piscina. La controlada potencia visual que caracteriza a Sorrentino se concentra sobre todo en algunas escenas metafóricas y discordantes: el rinoceronte que corre de noche por las calles del barrio de la Expo de Roma, la oveja inocente con la que acaba el aire acondicionado, un ratón que atraviesa la calle frente al Coliseo y provoca el vuelco del camión de la basura, dejando las ruinas romanas llenas de inmundicia, y la explosión de estos residuos al ralentí, en memoria de aquel final de Zabriskie Point, de Antonioni.

Loro 1 es una coproducción italo-francesa a cargo de Indigo Film con Pathé y France 2 Cinéma. La distribuyen en Italia Universal Pictures y en Francia Pathé, que también gestiona sus derechos internacionales.

(Traducción del italiano)

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