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PELÍCULAS Italia / Francia

Crítica: Loro 2

por 

- Paolo Sorrentino se apropia de y reinventa toda la parábola histórica de Silvio Berlusconi

Crítica: Loro 2
Toni Servillo en Loro 2

En la primera parte de Loro [+lee también:
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(estrenada en los cines italianos el 24 de abril), Paolo Sorrentino profundizó en el personaje de Sergio (bien interpretado por Riccardo Scamarcio), el hombre que con tal de hacerse con su parcela de poder y de dinero llevará a Silvio Berlusconi (Toni Servillo) un regimiento de chicas con pocos escrúpulos y aún menos ropa para amenizar una de sus veladas en su villa de Cerdeña. La mujer de Sergio, Tamara (Euridice Axen), lleva tiempo siendo la amante del antiguo ministro y amigo de Berlusconi Santino Recchia (Fabrizio Bentivoglio). Cuando descubre que está embarazada, acaba chantajeando al político. Sergio ama a su mujer pero se siente atraído por la hermosísima y misteriosa Kira (Kasia Smutniak), la llave para llegar hasta Berlusconi. Habíamos dejado a Silvio en su bahía de Porto Rotondo, a caballo entre las amenazas de abandonarlo de su esposa, Veronica (Elena Sofia Ricci), y las maquinaciones para volver al gobierno. En la mansión justamente enfrente, donde cuida y vigila un gran jardín el fiable Paolo (Dario Cantarelli), empiezan las fiestecillas organizadas por Sergio. Silvio levanta su mirada perezosa: para chicas siempre hay tiempo, ahora toca pensar en el país.

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En la segunda entrega de Loro [+lee también:
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, que llega a los cines italianos el 10 de mayo de la mano de Universal, la soap opera berlusconiana se puebla de nuevos personajes y continúa esa estética retorcida que caracteriza la saga. Es el socio de negocios de siempre, el banquero Ennio, graciosamente interpretado por el mismo Servillo, quien sugiere a Silvio que “convenza” (léase compre) a cinco senadores para que se pasen a su lado para detonar el gobierno de centro-izquierda. 

“Has hecho trampas toda la vida”. La sofisticada Veronica es quien lanza el j’accuse al marido y enumera sus deméritos: su pasado oscuro, el enriquecimiento gracias a sus amistades en política, el lavado de cerebros en televisión, la entrada en política para salvar el propio imperio financiero, la propaganda populista, las leyes ad personam, los insultos a los jueces… todo para aplacar ese gigantesco complejo de inferioridad que tan bien describe el novelista Javier Marías. La eterna desenvoltura, la sonrisa de anfitrión constante, las bromas vulgares, las canciones napolitanas, la hiperactividad innecesaria, la falta de sentido del pudor, los despiadados enfrentamientos con los traidores, la seducción sexual propia del siglo XIX, el delirio orgiástico… Loro lo tiene todo. Pero en torno a Silvio, Sorrentino va delineando una Italia éticamente miserable que ha encontrado en el “berlusconismo” un nuevo way of life. Toda la parábola histórica de Berlusconi es innegablemente una novela, con sus cruces de caminos y destinos, a veces revelados, a menudo desconocidos.

A riesgo de empatizar, Sorrentino se apropia de esa narrativa y, aunque se deja llevar en exceso en ocasiones por las noticias de actualidad, reinventa dicha novela con maestría. No surgen, sin embargo, los motivos profundos de ese encantamiento colectivo, sino más bien una mirada veladamente moralista, corroborada por un final que no contaremos y que da la vuelta al sentido del título del film. 

Loro 2 es una coproducción italo-francesa entre Indigo Film, Pathé y France 2 Cinéma. Universal la distribuye en Italia y en Francia hace lo propio Pathé, que también gestiona sus ventas internacionales.

(Traducción del italiano)

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