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CANNES 2018 ACID

Crítica: Seule à mon mariage

por 

- CANNES 2018: Marta Bergman firma un conmovedor y animado retrato de una joven mujer que se muda abruptamente al extranjero para encontrarse a sí misma

Crítica: Seule à mon mariage
Alina Serban y Tom Vermeir en Seule à mon mariage

En su pequeño pueblo a solo unos pocos kilómetros de Bucarest, Pamela lleva una vida llena de frustración y de preguntas. Su relación con su abuela, con quien ella y su pequeña hija viven, está llena de amor pero también de resentimiento. Pamela sueña con escapar del destino que otros quieren para ella; con su identidad dividida entre la maternidad y la feminidad, su vida es una lucha constante para encontrar su sitio en la sociedad, y está convencida de que las respuestas a sus preguntas solo pueden venir de otro sitio. Dejó la escuela muy pronto y no ve un futuro en los alrededores de su pueblo. 

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Así que un día toma una decisión y se convierte en una de esas novias de Europa del Este de las que tanto escuchamos hablar en internet y de las que sin embargo sabemos tan poco. Dejando atrás a su abuela y a su pequeña, quienes no saben absolutamente nada de sus planes, Pamela viaja a Bruselas y llega a la casa de Bruno, quien no es tan joven como antes y está atrapado entre sus aspiraciones y las de sus padres. Su matrimonio es un intento imposible de juntar a dos almas solitarias, dos seres que sienten una gran necesidad de identidad y de sentido para sus vidas. Pero aunque cada uno trabaja, y tiene algo de éxito transformando al otro, no se puede forzar el amor, y Pamela pronto descubre que su propia emancipación como mujer no depende ni de su papel como parte de una pareja ni de negar su rol como madre o sus raíces. 

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, el primer largometraje de ficción de Marta Bergman, presentado en la sección ACID del 71° Festival de Cannes, la directora agrega otra pieza a un reconocido conjunto de obras que comenzaron en el mundo de los documentales, como Clejani, Heureux Séjour, y especialmente Un jour mon prince viendra. De hecho, los encuadres de las primeras escenas de Seule à mon mariage nos recuerdan de muchas maneras a un documental, con la cámara siguiendo de cerca a Pamela mientras esta camina por la villa en donde sus sueños ya no pueden vivir. Lleva una vida dura y triste entre la nieve y el frío; animada por la energía de Alina Serban, quien le aporta a su personaje una confusa veracidad.

Su llegada a Bélgica y al hogar que Bruno se esfuerza por crear para ellos arrojará una nueva luz sobre el abismo cultural y emocional que se interpone en la unión de estas dos almas solitarias. Mientras que el proceso de conocerse produce un cierto nivel de curiosidad y esto es lo que mantiene su relación al comienzo, finalmente, Pamela y Bruno se encuentran solos mientras se ocupan de buscar a su alma gemela. En el proceso de encontrarse a sí mismos, terminan distanciándose el uno del otro…

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. Muy diferente del rol de hermano impulsivo y estruendoso que tuvo en el filme de Van Groeningen, Seule à mon mariage lo coloca en el papel de un hombre indefenso e inescrutable que es también increíblemente amable y atento. Siempre escucha a los demás, a Pamela, a sus padres, pero todo lo que realmente necesita es escucharse a sí mismo.

Y con respecto a Pamela, Alina Serban actúa a la perfección en este papel. Una joven actriz rumana muy acostumbrada a aparecer en escena quien nos asombra con su actuación y le da una energía intensa a una mujer quien a veces es obstinada y a veces es vulnerable, por lo cual el personaje probablemente está en deuda con ella.

Seule à mon mariage fue producida en Bélgica por Frakas Production, en asociación con Hi Film de Rumania, en coproducción con Avenue B Productions y Zélila Films y con el apoyo de  Rouge International de Francia. De sus ventas internacionales se encarga Cercamon World Sales.

(Traducción del francés por Javier Campos)

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