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CANNES 2018 Quincena de los Realizadores

Crítica: Troppa grazia

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- CANNES 2018: La comedia ecologista de Gianni Zanasi convierte a Alba Rohrwacher en una joven topógrafa que ve a la Virgen e intenta bloquear una enorme construcción

Crítica: Troppa grazia
Alba Rohrwacher en Troppa grazia

Los geofilósofos nos dicen que la modernidad urbana destruye el sentido de los lugares, su orientación espacial y simbólica, acaba con los rasgos milenarios de la cultura local y los proyectos de arquitectura e ingeniería sustituyen el trabajo de los habitantes como constructores, que habían moldeado el territorio mediante una sabia alianza secular con la naturaleza.

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de Gianni Zanasi, que se crea sobre una idea de adhesión al genius loci, es la encargada de cerrar la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes. Avanzamos en un paisaje italiano con pequeñas colinas y la campaña rebosante de verdor (la película se ha grabado casi por completo en Viterbo y Tuscia, terreno comprendido en medio del Lacio, la Toscana y Umbría) y vemos a Lucia (Alba Rohrwacher), una topógrafa soltera de 36 años, que vive con su hija adolescente y a la que le cuesta tirar hacia adelante. Lucia, tímida y meticulosa, tiene un novio (Elio Germano), obrero especializado en la construcción, que la ha traicionado. Este hecho lo conocemos justo en el momento en el que están discutiendo sobre ello para después dejarse. Mediante un amigo (Giuseppe Battiston), la chica consigue tener un trabajo en el municipio donde vive: deberá efectuar la investigación y los controles de un vasto terreno en medio del campo, que será el corazón de una futura construcción enorme, la Grande Onda. Pero hay algo que no funciona, los documentos y los planos que le han dado a nuestra topógrafa han sido manipulados y no corresponden a la realidad.

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Decidida en seguir hacia adelante y en favorecer el nacimiento de una nueva "catedral en el desierto", probablemente con riesgos geológicos, Lucia vuelve a la campaña para continuar con la investigación y allí se le acerca una mujer joven con velo (la israelí Hadas Yaron), alguien a medio camino entre una inmigrante y la Virgen. La encarnación mística se vuelve a aparecer por la noche en casa y le invita a que sea su portavoz y haga construir una iglesia allí donde se le ha aparecido la primera vez. La trascendencia irrumpe así en el relato, pero también tiene tonos de comedia, tonos que se repiten hasta el final. El conflicto de la laicidad de Lucía y las apariciones sobrenaturales se resuelve en situaciones un tanto cómicas. En la rueda de prensa para presentar el proyecto de construcciones, vemos a Lucía sacudida por los suelos por una fuerza invisible, ya que la única que ve a esta "personal Virgen" enérgica y decisiva es la topógrafa. Se corre la voz por la zona: la Virgen se le ha aparecido a Lucia y esta no quiere que la Grande Onda se construya. Que así sea. Agua es la palabra clave que llevará a un "milagro" y después a la apoteosis ecologista, de la mano devastadora del obrero exnovio. 

El aviso, mostrado en forma de comedia a propósito, es claro. Solo una nueva sensibilización sobre nuestro terreno local y preocuparse de todo lo que concierne a la vida de la irrepetible originalidad de nuestros sitios pueden evitar el deterioro, el abandono, la suciedad, la erradicación de la identidad. No es una coincidencia que el Papa Francisco en su encíclica hablara de ecología "en la vida cotidiana" hace tres años. Para Bergoglio, ya sea en el ambiente urbano o en el rural, lo más conveniente es preservar algunos espacios en los que no exista la intervención humana. "Algunos proyectos, cuando no es posible realizar análisis en profundidad, pueden afectar mucho a la la calidad de vida de un lugar".

La cinta ha sido escrita por el director con Giacomo Ciarrapico, Michele Pellegrini y Federica Pontremoli. La producción corre a cargo de Pupkin con Rai Cinema. De las ventas al extranjero se encarga The Match Factory y la película será distribuida en Italia por Bim en noviembre.

(Traducción del italiano por Begoña Carrasco González)

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