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PELÍCULAS Bélgica / Francia

Crítica: Mon Ket

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- En su debut como director, François Damiens rememora sus primeros amores, apostando fuerte con una película grabada únicamente con cámaras ocultas

Crítica: Mon Ket
François Damiens y Mattéo Salamone en Mon Ket

Dany Versavel (François Damiens), un gamberro sin filtros, cumple una pena de prisión, que pretende interrumpir cuando se entera de que su hijo adolescente, Sullivan (Mattéo Salamone), ha decidido solicitar judicialmente su emancipación. Su hijo es prácticamente lo único que le queda, por eso, Dany decide escapar, llevándose consigo a Sullivan y a su “padrino” (Christian Brahy) en una huida tan bella como absurda. Durante este viaje, se cruzan con una infinidad de testigos, algunos serán cómplices, otros, enemigos. Dany pretende enmendar con Sulli los errores que él mismo cometió e intenta, en unos pocos días, educarle, una educación que hasta el momento había sido mediocre, para mejor (a veces) o para peor (más a menudo). 

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Este torpe amor paternal sirve de hilo conductor a la historia, una unión de escenas a veces muy disparatadas, pero siempre llenas de una ternura que te hace perdonarlo todo. En Mon Ket [+lee también:
tráiler
entrevista: François Damiens
ficha de la película
]
, François Damiens lo da todo en su debut como director, dando vida a un personaje socialmente inadaptado que actúa sin filtros ni miramientos. A pesar de que las reacciones de las víctimas aportan muchas sorpresas y situaciones inesperadas a la trama, el director consigue controlar la situación gracias a las aportaciones y a la buena fe de los “actores”, mencionados en los créditos finales junto con François Damiens y sus dos “cómplices”: El joven Mattéo Salamone, que demuestra su valía y madurez en situaciones tanto complejas como humorísticas; y el increíble Christian Brahy, un actor extraordinario.

La actitud de Dany es siempre provocadora, sin ningún pudor ni vergüenza. Para apaciguarle se necesita la ayuda de sus “víctimas”, que en ocasiones son sus cómplices, pero a veces, sus adversarios. Es necesaria también una gran maestría y profesionalidad para ser capaz de llevar a cabo este proyecto sin ser condescendientes o irrespetuosos. Saber jugar con estas fronteras, llevar a las “víctimas” hasta sus propios límites es, sin duda, un arte. Pero en ningún momento nos reímos de la víctima, nos reímos con ella.

La arriesgada apuesta del director ha sido exitosa: la sucesión de escenas absurdas, la energía de Dany que lo da todo para crear estas situaciones, las provocaciones y la autenticidad de las “víctimas” consiguen crear un ambiente cómico, gracias también a la gran experiencia de François Damiens. Mon Ket es sin duda una comedia entretenida y sorprendentemente tierna que cuenta la historia de un padre dispuesto a todo, hasta lo peor, por conseguir el amor de su hijo.

Mon Ket ha sido producida por Patrick Quinet, de Artémis Productions (que ha acompañado a François Damiens a lo largo de su carrera), y por la compañía francesa Chi-Fou-Mi Productions. Se distribuyó el 30 de mayo en Bélgica de la mano de Cinéart, y en Francia de la de StudioCanal, que se encarga también de las ventas internacionales.

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(Traducción del francés por Pedro Andueza González)

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