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SAN SEBASTIÁN 2018 Competición

Crítica: Rojo

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- SAN SEBASTIÁN 2018: Benjamín Naishtat controla las riendas del policiaco para retratar una sociedad podrida en su brillante tercera película, un bofetón a un país cómplice con el crimen generalizado

Crítica: Rojo
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, un policiaco con bastantes momentos absurdos. Aunque le suene familiar, querido lector/a, no estamos en Twin Peaks, pero tienen mucho en común aquel pueblo imaginado por David Lynch y éste: uno en EEUU, el otro en Argentina. También el tercer largometraje de Benjamín Naishtat contiene momentos que enlazan con el western, sobre todo en la escena inicial, cuando dos personajes se disparan palabras dolorosas en un duelo verbal arrollador, dentro de un restaurante. La tensión está sembrada, el mal rollo también. Tras ese volcán inicial, llega un segundo acto calmo, (“como un adagio”, según su responsable) para estallar al final. La rutina banal que retrata historias mínimas va edificando la espiral que engulle a unos personajes adormecidos, cómplices y amorales. Bienvenidos a Rojo, presentada a competición en el 66° Festival de San Sebastián, una película de calado lento y profundo malestar, de estética brillante y ritmo pausado, que resulta difícil olvidar.

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Para lograr esa atmósfera malsana, Naishtat juega con el montaje seco y la fotografía virada hacia lo sangriento, como avisa el título del film, donde una mancha de sangre en la pared, la luz que se filtra por un vidriera o un eclipse de sol colocan al espectador en un lugar desagradable e incómodo, pues se barrunta el mal que subyace bajo una comunidad que funciona por apariencias que intentan camuflar su podredumbre. Pero esa granada puede estallar en cualquier momento, salpicando al mismísimo público, que ve retratadas sus propias miserias con una elegancia en la puesta en escena concisa y hermosa.

Naishtat, formado como cineasta en Argentina, Francia y Estados Unidos, ya está escribiendo su siguiente proyecto: la adaptación de una novela de los años veinte, Los siete locos, de Roberto Arlt, donde volverá a diseccionar y airear las tripas de la sociedad argentina. “Tuve la necesidad de retratarla en Rojo: mi familia sufrió el exilio y la quema de su casa por parte de grupos de extrema derecha. Crecí con la resonancia de esos relatos. Quería hacer una película sobre esta sociedad enferma, para que se despierte y se mire en el espejo. Porque al psicoanalista vamos todos en Argentina”, ha comentado a Cineuropa.

Rojo es una producción entre la argentina Pucará Cine, la francesa Ecce Films, la alemana Sutor Kolonko, la neerlandesa Viking Films, la brasileña Desvia, la suiza Bord Cadre Films, y las argentinas Le Tiro y Jempsa. De sus ventas internacionales se ocupa Luxbox.

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