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SAN SEBASTIÁN 2018 Competición

Crítica: Vision

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- SAN SEBASTIÁN 2018: Naomi Kawase desembarca en la competición por la Concha de Oro con una película irregular con algún destello que nos recuerda que estamos ante una de las grandes

Crítica: Vision
Juliette Binoche, Masatoshi Nagase y Takanori Iwata en Vision

Enfrentarse al trabajo de una cineasta de demostradas dotes, capaz de dar forma a trabajos únicos y estimulantes es siempre un riesgo. Lo es porque las expectativas juegan un papel crucial, y saber manejarlas sin que condicionen la experiencia del visionado no siempre resulta sencillo. En el caso de Vision [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, de la laureada realizadora japonesa Naomi Kawase, pasa exactamente eso. Uno espera poder disfrutar de un viaje trascendente, sumergirse en un universo rico en el que los sentidos son constantemente recompensados y, cuando esto no ocurre, llega la frustración. No se puede decir que la baza de Kawase en la competición oficial del Festival de San Sebastián sea un total desastre, pero resulta evidente que es un esfuerzo menor en la filmografía de una autora fundamental en el panorama cinematográfico de nuestros días.

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Vision gira alrededor de Jeanne (Juliette Binoche), una escritora francesa que viaja a Japón, concretamente a las montañas de Yoshino, en busca de la planta que da título a la película. Vision, la planta, es una hierba medicinal única, crece cada 997 años y se le atribuye la capacidad de acabar con la angustia, la debilidad y el dolor existencial de los seres humanos. En su búsqueda de tan preciado tesoro, Jeanne se encuentra con Satoshi (Masatoshi Nagase, un habitual en el cine de la japonesa), un guardabosques que a su vez protege a Aki (Mari Natsuki), una sabia lugareña que parece directamente conectada con los espíritus del bosque. La conexión entre los personajes se adivina profunda y transcendental, aunque la llegada de la forastera produce turbulencias que anuncian la proximidad de una gran transformación.

Durante la primera mitad de la película, es imposible no dejarse llevar por la habilidad de Kawase para retratar el exuberante paisaje natural en toda su grandeza. La realizadora es una experta a la hora de capturar con su cámara los detalles y las sutilezas que se esconden detrás de fenómenos que para otra mirada pasarían desapercibidos. De este modo, el bosque se convierte en un personaje más en Vision, quizás el más importante. Es el que condiciona el estado mental y emocional de las personas y parece que su espíritu se hará palpable en cualquier momento, al modo de una criatura extraña salida de un film de Hayao Miyazaki. Todo esto no es poca cosa, la cinta logra cautivar por momentos. Lamentablemente, llega un punto en el que todo se vuelve reiterativo y mantener la atención se hace un tanto cuesta arriba.

La narración, ya de por si no muy fluida, se estanca y toma una deriva hacia lo fantástico con la que es complicado conectar. A lo largo del metraje se intercalan flashbacks que intentan arrojar luz al pasado de Jeanne. En cierto modo lo consiguen, pero a costa de impregnarlo todo de un lirismo cursilón que más que emocionar empalaga. El mayor problema de Vision es que a la innegable maestría formal de Kawase no le acompaña esta vez una historia sólida, que consiga transmitir esa verdad presente en muchos de sus trabajos. Al final queda la sensación de haberse quedado a medio camino, llegamos a vislumbrar un horizonte prometedor pero su luz nunca llega a calentarnos.

Vision es una producción de las niponas LDH Japan y Kumie y la francesa Slot Machine. Elle Driver se encarga de las ventas internacionales.

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