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LA ROCHE-SUR-YON 2018

Crítica: Les Drapeaux de papier

por 

- Con solo 19 años, Nathan Ambrosioni dirige un primer largo maduro y sorprendente, con Guillaume Gouix en el papel de un expresidiario en busca de reinserción y fraternidad

Crítica: Les Drapeaux de papier
Guillaume Gouix en Les Drapeaux de papier

En una época en la que los debuts en el largometraje se suelen anteceder de extensos estudios cinematográficos (a ser posible, en las escuelas más prestigiosas, como La Fémis, complementados a veces con otros programas), la irrupción de un autodidacta tan precoz como Nathan Ambrosioni resulta particularmente chocante. El cineasta tenía solo 18 años (ahora, 19) cuando rodó Les Drapeaux de papier [+lee también:
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, su primer largo "oficial" (ya había dirigido dos películas "caseras"), que se ha prestrenado en Francia en la sección Perspectives del 9º Festival Internacional de Cine de La Roche-sur-Yon. Pero el argumento de su juventud extrema, por más seductor que resulte, no sería suficiente si el cineasta no demostrara un sólido dominio narrativo en su relato del complicado encuentro entre un hermano y una hermana, marcado por la dificultad de la reinserción tras una larga estancia en prisión.

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"¿Cuántos años tienes? ¿23? Te has olvidado de mí, ¿eh? (...) ¿No me reconoces? Ese lugar cambia a la gente (...) ¿Por qué dejaste de venir a verme?" Cuando Vincent (Guillaume Gouix), de 30 años, aparece, con la cabeza rapada, en la puerta de su hermana Charlie (Noémie Merlant) tras 12 años en la cárcel, la joven le abraza con incomodidad, esquiva sus preguntas y le ofrece, sin embargo, alojamiento, consciente de ser la única persona a la que puede recurrir ("Intenté llamar a papá. Cogió el teléfono, oyó mi voz y colgó; luego no volvió a responder"). Pero ella duerme siempre con un espray lacrimógeno cerca, y aunque quiere ayudar a su hermano, no tiene intención de cuidar de él ("si quieres quedarte, tienes que encontrar trabajo; no tengo recursos para mantenernos a los dos"). Charlie vive austeramente, a varios kilómetros de Aix-en-Provence, gracias a un trabajo de cajera, y sueña con convertirse en diseñadora gráfica ("gano una miseria; es una pesadilla conseguir lo suficiente todos los meses para echar gasolina, comprar ropa, ahorrar un poco para poder pasarlo bien aunque sea un día"). Los hermanos aprenderán a conocerse y convivir, y Vincent, atormentado por su estancia en la cárcel y completamente desprovisto de competencias profesionales, buscará empleo mientras intenta mitigar la enorme tensión que tiene dentro; un proceso que no resultará nada fácil, y que obstaculizará la complicidad que surge entre su hermana y él...

En el desarrollo de esta sencilla historia, para cuyo guion se inspiró en una noticia de sucesos, Nathan Ambrosioni logra abordar con mucha sensibilidad el tema de la reinserción de los expresidiarios en la vida civil ("¿crees que en la cárcel me han enseñado cómo parecer normal y equilibrado?") y describe con precisión el malestar, el miedo, incluso, que despiertan en los demás, pero también la profunda angustia a la que se enfrentan. Les Drapeaux de papier traza además un retrato de la apertura y de los límites del afecto y la solidaridad familiar, jugando hábilmente con el suspense de la violencia explosiva que presentimos en Vincent (una interpretación perfecta por parte de Gouix). Gestos, caras, manos a la luz, sombras en las paredes, pequeños objetos simbólicos: el realizador (que también se ha encargado del montaje) cuenta con un sentido innato de la puesta en imágenes que le permite moldear con relativa soltura un material humano muy áspero, firmando un primer largo de un realismo prometedor y una madurez sorprendente para un cineasta tan joven.

Producida por Sensito Films, Les Drapeaux de papier será distribuida en Francia por Rezo Films; la cinta está aún en busca de agencia de ventas.

(Traducción del francés)

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