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IDFA 2018

Crítica: Hungary 2018

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- En su último y emocionante documental, Eszter Hajdú se centra en las elecciones parlamentarias de Hungría en 2018, una historia que recuerda a la de David y Goliat

Crítica: Hungary 2018

La realizadora Eszter Hajdú acaba de presentar su último documental, una obra de gran carga política centrada en las elecciones parlamentarias de 2018 en Hungría, como parte de la competición oficial de la 31ª edición del IDFA (Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam). A pesar de las corrientes progresistas que han dominado el país desde la caída del comunismo, Hungría ha experimentado durante los últimos años un auge de los movimientos de extrema derecha, encabezados por el populista Viktor Orbán y su partido Fidesz. En Hungary 2018 [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, Hajdú retrata la encrucijada en la que se encontraba el país antes de las elecciones de 2018.

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La película se desarrolla en dos tramas paralelas. Una de ellas se basa exclusivamente en imágenes de la campaña electoral de Orbán, acompañando a sus ministros mientras viajan por el país con el objetivo de estrechar su relación con los votantes. La otra se centra en Ferenc Gyurcsany, líder de la Coalición Democrática, un pequeño partido de centro-izquierda, alternando escenas de la campaña con imágenes más personales sobre su vida privada. Al mostrar su lado más humano, más allá de la dimensión política, la directora logra que empaticemos con él en su lucha contra el “gigante” Orbán. En este sentido, las secuencias del líder conservador sirven simplemente para presentar al enemigo al que debe enfrentarse Gyurcsany. La posición de Hajdú resulta evidente a pesar de la objetividad formal de la cinta, que pretende criticar la creciente reclusión internacional del país y el odio promovido contra Bruselas y la emigración.

A lo largo de la película se hace evidente el mecanismo empleado por el actual gobierno populista, que utiliza a los inmigrantes como un “chivo expiatorio”, acusándolos de ser un enemigo del pueblo húngaro. Las imágenes de los carteles de Fidesz desplegados en las calles, en los que se señala abiertamente a los refugiados como una amenaza para la nación, nos dan una idea de la presión a la que estaban sometidos los votantes. Gyurcsany lo define como una especie de “psicosis colectiva”, mediante la cual se manipula a la población para hacerles creer que el país está en peligro. Las continuas referencias al auge del régimen Nazi contribuyen a que la situación nos resulte aterradoramente familiar. Aunque todos conocemos el resultado de las elecciones, la película logra igualmente ofrecer una perspectiva única sobre las razones que llevaron a muchos votantes a decantarse de nuevo por el líder de extrema derecha. El documental se convierte de esta forma en un retrato, no solo de las elecciones en Hungría, sino del auge del nacionalismo a nivel mundial, así como de todas sus prácticas destructivas, como la supresión de los medios de comunicación independientes. Todo esto se ve reforzado en los títulos de crédito, donde hasta seis miembros del equipo aparecen citados como “anónimos” por miedo a posibles represalias. A través del documental, la directora presenta una posición firme y abierta sobre los acontecimientos que describe, con la intención de concienciar a los espectadores.

La película es una producción de Sandor Mester para Miradouro Media LDA.

(Traducción del inglés)

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