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IDFA 2018

Crítica: The Border Fence

por 

- Nikolaus Geyrhalter explora los alrededores de la valla antirrefugiados que nunca llegó a levantarse en el paso del Brennero y habla con tiroleses llenos de esperanza

Crítica: The Border Fence

Al documentalista austríaco Nikolaus Geyrhalter se le conoce por abordar temas que cada vez son más relevantes, pues en estos tiempos, las fronteras y los derechos civiles y humanos parecen redefinirse de forma casi diaria. En su nuevo film, The Border Fence [+lee también:
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, que se prestrenó internacionalmente en la competición de largos del IDFA, el cineasta aborda la situación en el paso del Brenero, la frontera entre Austria e Italia que además divide la región de Tirol entre los dos países.

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En 2016, las autoridades austríacas anunciaron que iban a construir una valla para detener la invasión de refugiados que esperaban recibir desde Italia. A lo largo de la cinta, oímos las incendiarias declaraciones de políticos, que suenan a través de los televisores o radios presentes en restaurantes, bares o salas de estar, que se capturan usando los planos fijos y semiabiertos típicos de Geyrhalter. Este estilo visual también se extiende a los exteriores y hermosos paisajes que dan fama a la región.

La zona en torno a la propia frontera también incluye parajes menos atractivos: estaciones de tren, peajes y obras, y aquí es donde el cineasta encuentra a sus entrevistados. Y en The Border Fence, a diferencia de lo que sucede en su otro y excelente film sobre fronteras, Abendland [+lee también:
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(2011), Geyrhalter encuentra las claves de su película en estas conversaciones con las personas a las que teóricamente afectaría el flujo de inmigrantes desde países devastados por la guerra. 

Por ejemplo, ni siquiera los propios agentes aduaneros saben exactamente cómo funcionaría la valla (que estaría hecha, según repiten varias veces, de reja, y no de alambre de púas). Se supone que solo iba a tener 370 metros de largo, y que iba a servir para encauzar a los inmigrantes hacia la oficina de registro, y no solo para evitar su entrada a Austria. Esta es una de las ideas engañosas transmitidas por la retórica de campaña electoral; como nos cuenta un granjero, esa no es una buena base para un gobierno que funcione. 

La mayoría de las personas que entrevista Geyrhalter se muestran abiertas y se forman sus propias opiniones. Después de todo, Tirol siempre ha sido una región disputada, pero los lugareños confían en sus valores y opiniones, que resultan ser muy humanistas. El director habla con senderistas, un lechero, un fontanero, un policía, un cazador o un cura, y las ideas de todos ellos tienden a la aceptación y la comprensión hacia los refugiados que puedan llegar a la zona, y no tanto al discurso del miedo que oyen a diario en los medios. 

Otro gran ejemplo es el de una madre y su hija que regentan una pensión en la frontera. Ellas hablan sobre su identidad tirolesa, su tradición y su religiosidad católica, y sobre cómo quieren preservarla, pero luego la madre prepara una gran olla de sopa de calabaza para los obreros inmigrantes de una obra cercana.

La valla de reja todavía está guardada en un contenedor en la frontera, y los policías que inspeccionan su estado expresan su deseo de que no llegue a salir de ahí. Quizás de forma inesperada, este documental de 2018 llamado The Border Fence resulte esperanzador, mostrando que, al menos en algunos lugares de Europa, la gente normal y decente no cae ciegamente en la propaganda populista y defiende los valores sobre los que la UE se construyó.

The Border Fence es una producción de la compañía austríaca Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion; la agencia vienesa Autlook Filmsales detenta los derechos internacionales.

(Traducción del inglés)

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