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RÓTERDAM 2019 Limelight

Crítica: Dirty God

por 

- En su debut anglófono, Sacha Polak firma una cinta sobre la búsqueda de fuerza interior con una banda sonora hipnótica y una estética visual impresionante

Crítica: Dirty God
Vicky Knight en Dirty God

Logrando un delicado equilibrio entre los sentimientos de claustrofobia y esperanza, la directora holandesa Sacha Polak cuenta en Dirty God [+lee también:
tráiler
entrevista: Sacha Polak
ficha del filme
]
una historia fascinante que muestra las consecuencias de un ataque con ácido que cambia para siempre la vida de la protagonista Jade, interpretada por la actriz primeriza y superviviente de un ataque con ácido Vicky Knight. "Mi dios es diferente al tuyo; el mío es un dios sucio", dice Jade mientras aprende a vivir con su nuevo aspecto lleno de cicatrices y tiene dolorosos conflictos con sus amigos. Esta es una historia sobre dejarse llevar y aceptar lo que está más allá del propio control, una historia sobre la vergüenza y la resistencia. Dirty God se prestrenó mundialmente en la inauguración del 48º Festival Internacional de Cine de Róterdam (IFFR) y se proyectará en la Competición World Cinema Dramatic del Festival de Sundance.

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La película arranca cuando le dan el alta a Jade en el hospital, donde ha estado recuperándose de un ataque con ácido perpetrado por su ex. Con las cicatrices de la cara tapadas por una máscara de silicona y acompañada por su madre, Jade acude a ver a Rae, su hija, por primera vez desde el ataque. Jade está de buen humor, pero su hija se echa a llorar en cuanto la ve. Así se plantea la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto se puede vivir una vida normal después de un acontecimiento tan horrible? ¿Y en qué punto se convierte la desesperación en la capacidad de vivir con la mano que se ha recibido? La trayectoria de Jade a partir de ese punto da para una hora y media visualmente impresionante en la que sus tribulaciones quedan de manifiesto, jurando al mismo tiempo que no se rendirá sin luchar.

Polak ha conseguido visualizar los procesos interiores de Jade de una forma muy interesante. Mediante planos cuidados y una música conmovedora, la cineasta deja que la película implore al espectador para que se involucre emocionalmente. Mientras juega con elementos como la iluminación y la puesta en escena, sentimos la devastadora carga que Jade se ve obligada a llevar. El personaje experimenta con llevar un hiyab para esconder sus cicatrices y muestra su cuerpo desnudo a hombres en chats eróticos. Sentada desnuda delante de su portátil, su silueta se convierte literalmente en un lienzo para su autoimagen, y vemos una vaga proyección roja de su rostro en su cuerpo gris, una perturbadora doble exposición que sugiere el desequilibrio intrínseco impuesto por su deformidad. Puede parecer paradójico, pero todo ello se deriva de un deseo de ser amada, aunque sea desde una distancia segura. El alivio de la anonimidad pronto se revela ilusorio. Segura de que encontrará una solución, Jade viaja a Marruecos para someterse a cirugía plástica; allí, las cosas dan un giro inesperado. O quizás no tan inesperado, pues las dudas de Jade se han intensificado hasta llegar a su punto más álgido, por lo que solo pueden ir a mejor. Obligándose a ver las cosas desde una perspectiva más terrenal, en un momento dado vislumbra lo que supone mantenerse firme, eligiendo la relación con su hija y su madre por encima de todas las demás. Jade aprende a afrontar las cosas conforme van surgiendo, e incluso da el primer paso para liberarse de su vergüenza, dejándola, por así decirlo, en las (sucias) manos de Dios.

Dirty God es una producción de la compañía amsterdamesa Viking Film, en coproducción con la británica EMU Films, la belga A Private View y la irlandesa Savage Productions. La agencia de ventas británica Independent Film Company se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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