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SUNDANCE 2019 Competición World Cinema Dramatic

Crítica: Koko-di Koko-da

por 

- Johannes Nyholm se sumerge en las variaciones lúdicas de una pesadilla donde se cruzan el realismo psicológico y el terror primitivo de los cuentos

Crítica: Koko-di Koko-da

“Entra mi esposa, sale Freddy Krueger”. El protagonista masculino de Koko-di Koko-da [+lee también:
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, el segundo largometraje de Johannes Nyholm (estrenado en la sección World Cinema Dramatic de Sundance, antes de competir en Róterdam por el Tiger 2019), suelta esta ocurrencia después de trasladar a su esposa al hospital por una reacción alérgica, sin saber que el acontecimiento se repetirá en varias ocasiones. El cineasta sueco, muy aclamado con su primer trabajo, The Giant [+lee también:
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(estrenado en Toronto 2016, y que obtuvo el Premio especial del jurado en San Sebastián), presenta una reinterpretación lúdica y lejana de Pesadilla en Elm Street sobre un fondo de bucle temporal cruel, al estilo de Atrapado en el tiempo. El director se sumerge en un universo dramático realista que se transforma por completo hasta convertirse en una pesadilla repetitiva, que oscila entre el cuento macabro y la angustia existencial. Además, crea un pequeño teatro de sombras cuya distancia humorística contrasta con una estimulante rareza sádica que conecta con el tormentoso inconsciente de los personajes.  

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Tres siluetas avanzan por el bosque: un hombrecito de traje blanco y sombrero, una mujer esbelta vestida de gris y con un peinado excéntrico, que lleva un perro guardián gruñón, y un coloso que lleva un perro herido en brazos. El primero silba y tararea una cantinela infantil (“Mi gallo ha muerto, ya nunca cantará cocorocó”) que termina en una repetición delirante, antes de que un fundido dibuje un trío similar en una caja de música que una niña observa en una vitrina. La niña, que se encuentra de vacaciones en Dinamarca con sus padres, Tobias (Leif Edlund) y Elin (Ylva Gallon), se dispone a celebrar su octavo cumpleaños y recibe el regalo perfecto. Pero al día siguiente, durante un almuerzo en un extraño restaurante con espectáculo a la orilla del mar, una pizza de mejillones provoca una reacción alérgica a la madre, que debe ser evacuada en helicóptero. A la mañana siguiente, en el hospital, todo parece haber vuelto a la normalidad. Los padres se preparan para celebrar el cumpleaños de su hija cuando se dan cuenta de que está muerta.

Después de un interludio con marionetas y sombras chinescas, vemos a la pareja de vacaciones, tres años después. El ambiente está un poco cargado (un helado trae el recuerdo subyacente de su hija) y Tobias decide adentrarse en el bosque para montar la tienda de campaña donde pasarán la noche. Pero antes del amanecer, cuando Elin se despierta, las tres criaturas del principio aparecen y agreden a la pareja, una pesadilla que se repetirá seis veces con diversas variaciones que actúan como reacciones del inconsciente (impotencia, culpabilidad, soledad, etc.) al trauma de la muerte de su hija y el impacto fantasmal que ha provocado en la relación de pareja, con cada miembro consumiéndose en su aislamiento.

Koko-di Koko-da, un sorprendente ejercicio de estilo que recuerda a las pesadillas de David Lynch, juega con los códigos del cine de supervivencia para inyectar sugestiones freudianas relacionadas con el duelo y la recuperación. Un sustrato que Johannes Nyholm aborda con gran libertad formal, demostrando que es capaz de combinar una imaginación desbordante con el rigor en la puesta en escena, de enredarse en los estilos, de desorientar sin perder de vista su objetivo y de trabajar con las emociones (el miedo, el suspenso), tomando un poco de distancia. Estas cualidades crean una voz muy personal en un cineasta que no ha terminado de hablar de sí mismo.

Koko-di Koko-da ha sido producida por la compañía sueca del director (Johannes Nyholm Produktion) y coproducida por la compañía danesa Beofilm, mientras que la compañía francesa Stray Dogs gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del francés)

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