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SOLEURA 2019

Crítica: Der Büezer

por 

- El joven director zuriqués Hans Kaufmann presenta su primer largometraje, un duro retrato de la masculinidad tóxica

Crítica: Der Büezer
Joel Basman en Der Büezer

Hans Kaufmann presenta su primer largometraje codeándose con los mejores en las Jornadas de Soleura, donde concursa por el máximo reconocimiento: el Prix de Soleure. A pesar de su juventud, las cualidades del director no se pueden negar. Der Büezer es una película comprometida, afilada y cruel, un gélido relato de las frustraciones de su protagonista.

El joven Patrick Signer, apodado Sigi, es un técnico sanitario que, tras la muerte de sus padres, no consigue encontrar sentido a la vida. Su salario no es ni de lejos satisfactorio, las mujeres le ignoran y sería osado decir que tiene algún amigo de verdad. Un compañero de trabajo le propone trabajar en negro para poder ganar un poco más, pero la propuesta termina siendo más arriesgada de lo que parecía. Se le presenta una vía de escape cuando Hannah, una chica aparentemente perfecta, lo arrastra consigo a una comunidad religiosa que recuerda bastante a una secta. Hannah está muy convencida de los valores de la iglesia y sobre todo del valor de la honestidad, que lleva hasta el extremo. Sin embargo, Sigi no cumple con las expectativas y termina perdiendo el control de su propia vida.

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Der Büezer nos lleva de la mano por un sendero de masculinidad estereotipada donde no falta pornografía, dominación y fuerza física. En el universo en el que vive Sigi (interpretado fielmente por Joel Basmann), todo está sometido a las reglas implícitas que consideran a las mujeres simples objetos, seres inferiores a merced de los deseos masculinos. En el edificio en construcción donde trabaja, Sigi está acostumbrado a este tipo de discurso, la violenta y cruel masculinidad fingida. Poco importa lo que sintamos, este relato es un reflejo de la sociedad, la careta de macho muestra en realidad una existencia esclava de la propia imagen y apariencia. Pero Sigi es incapaz de respetar estas normas, incapaz de adaptarse a un mundo que le ahoga. A través de la música clásica (a veces acompañada de sonidos electrónicos) percibimos los únicos momentos en los que su mundo más interior se deja ver.

Sigi es una bomba de relojería a punto de explotar, llena de frustración y rabia reprimida. La única figura masculina con la que parece identificarse es el hombre para el que trabaja en negro, pero incluso él termina siendo una decepción. Sigi cree que su existencia, su trabajo y su vida cotidiana no merecen el amor de nadie. Se siente alienado, incapaz de vivir una relación afectiva sincera y despreocupada. Los primeros planos de la cámara parecen agobiarle, acorralándolo en sus propias obsesiones. En realidad, nunca llegamos a saber nada de él, de sus gustos, de sus miedos o de sus ambiciones. Hans Kaufmann no quiere responder a las preguntas “¿Quién es Sigi? ¿Por qué se comporta así?”, lo que pretende es destapar los verdaderos motivos de esa virilidad de pacotilla, de los estereotipos masculinos y de la violencia reprimida.

Der Büezer es una película fuerte y sorprendente, un viaje a los orígenes de un personaje atormentado y peligrosamente normal.

Hans Kaufmann ha producido él mismo Der Büezer.

(Traducción del italiano por Pedro Andueza González)

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