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BERLÍN 2019 Competición

Crítica: Grâce à Dieu

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- BERLÍN 2019: François Ozon dirige con rigor una película fuerte, implacable y sensible sobre los abusos de un sacerdote pedófilo

Crítica: Grâce à Dieu
Melvil Poupaud (derecha) en Grâce à Dieu

“¿Se acuerda de lo que me hacía cuando era niño, en el laboratorio de fotografía, los sábados entre 1983 y 1987?” La nueva película de François Ozon, Grâce à Dieu [+lee también:
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, estrenada en competición en la 69ª edición de la Berlinale, es una ficción rigurosa y muy controlada sobre el espinoso tema de los sacerdotes pedófilos. El director firma una importante obra de madurez donde confluyen todos sus talentos para arrojar luz sobre las sombras del pasado.  

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Es una película de investigación y, al mismo tiempo, un retrato de la exploración metódica y sensible de los sufrimientos interiorizados y de la compleja necesidad de expresarlos. También es una reflexión sobre las estrategias más o menos incómodas de la institución para silenciar las acciones de sus manzanas podridas, con la fe (abordada desde diferentes ángulos) como telón de fondo. Grâce à Dieu se impone como una obra mayor.  

Al contrario que la excelente Spotlight, de Tom McCarthy, que trataba el mismo tema desde el punto de vista exterior de la investigación periodística, François Ozon (que escribió el guión basándose en hechos reales), desarrolla el argumento centrándose en las víctimas. La primera de ellas es Alexandre (Melvil Poupaud). Este católico convencido, de cuarenta años y padre de cinco hijos, decide escribir al cardenal Barbarin (François Marthouret), arzobispo de Lyon, cuando empiezan a aflorar en su mente malos recuerdos personales (tenía entre nueve y doce años). “¿Tú también te dejabas manosear por el padre Preynat?” le pregunta un día un amigo de la infancia (Bernard Verley), compañero de los scouts de San Lucas, que dirigía este eclesiástico. Alexandre constata que este sacerdote sigue vinculado a la iglesia y enseñando a niños. ¿Nadie estaba al corriente? ¿Por qué la iglesia no condenó al sacerdote? Alexandre, profundamente afligido, y muy preocupado por las nuevas generaciones en contacto con Preynat, pero respetuoso con la institución religiosa; empieza un largo intercambio epistolar con el cardenal, mientras asiste a una psicóloga ligada al arzobispado, que organiza un terrible cara a cara con Preynat, quien acaba confesando los hechos. Sin embargo, el comportamiento dilatorio, el silencio público y la ausencia de una decisión radical por parte de la jerarquía católica llevan a Alexandre a renunciar, pese al plazo de prescripción. Un acto que provocará la apertura de una investigación policial y la aparición de nuevas víctimas: François (Denis Ménochet), Emmanuel (Swann Arlaud) y Gilles (Eric Caravaca), de caracteres muy diferentes pero que se unirán para formar una asociación de activistas llamada La parole libérée.

François Ozon consigue tomar distancia para tratar un tema delicado y evitar los excesos melodramáticos. De esta forma, la carga dramática emerge en momentos puntuales  (mediante los testimonios desgarradores de las víctimas y algunos flashbacks). El director estrena una película que es, al mismo tiempo, fuerte y púdica, implacable y sensible, incisiva y respetuosa. El microcosmos de los hombres que sufrieron abusos en su niñez y se vieron contaminados por estas agresiones en su vida adulta se combina con cuestiones metafísicas como la verdad, el miedo, la cólera y el perdón; para terminar con el examen de conciencia y los mecanismos de defensa de la institución religiosa. Grâce à Dieu pone todo el vasto saber hacer del director (construcción narrativa e intérpretes perfectos, al igual que la fotografía de Manu Dacosse y la música de Evgueni y Sacha Galperine) al servicio de una película comprometida a varios niveles cuya sobriedad marca el paso de una nueva etapa en la carrera de François Ozon.

Grâce à Dieu ha sido producida por Mandarin (Francia) y coproducida por Scope Pictures (Bélgica), mientras que Playtime gestiona los derechos internacionales.

(Traducción del francés)

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