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BERLÍN 2019 Generation Kplus

Crítica: Daniel fait face

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- BERLÍN 2019: Marine Atlan firma una película delicada, llena de encanto y frescura, sobre la aparición del sentimiento amoroso en un estudiante inquieto

Crítica: Daniel fait face
Théo Polgar en Daniel fait face

Tostadas que se sumergen en un bol de chocolate caliente, guantes secándose en el radiador, titulares de actualidad en la radio durante el desayuno (el Brexit, las cifras de la economía y la sociedad francesas, alerta naranja por frío y nieve en el sur): la vida cotidiana de un estudiante de diez años pasa por etapas ineludibles como el divertido robo de caramelos entre compañeros en la panadería o las notas enviadas a escondidas en clase y cargadas de un machismo propio de los chicos de esa edad (“¿Ponernos juntos para el tango? No quiero estar con una chica a quien le apestan las axilas”). Triángulos dibujados con tiza en la pizarra, poesías de Victor Hugo, garabatos en los cuadernos y en el patio, simulacros de matrimonio para las chicas y juegos con balón para los chicos: con Daniel fait face [+lee también:
tráiler
ficha del filme
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, una película que apenas dura una hora (créditos incluidos) y que se ha proyectado en el programa Generation Kplus de la 69ª edición de la Berlinale, Marine Atlan nos sumerge con modestia y justicia en el universo del fin de la infancia, donde lo que se sale de lo ordinario causa una fuerte impresión, aparecen el amor y la muerte; y el miedo a lo desconocido se mezcla con el deseo de explorarlo.

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“Vigilancia, calma, silencio, disciplina, solidaridad”: un ejercicio de confinamiento programado para ese día alimenta las conversaciones inquietas de los alumnos (¿Qué es lo que te daba más miedo?). El reservado Daniel (Théo Polgar), que sangra por la nariz, pasa por la enfermería y encuentra el pasillo desierto y cubierto de nieve. Asustado por una puerta que se abre y se cierra sola, decide refugiarse en un armario de mantenimiento donde, por un resquicio, ve a Marthe (Madeleine Follacci), en ropa interior, con el cabello largo cayendo por la espalda desnuda. Daniel, intimidado y fascinado por la escena, es sorprendido por la chica, que huye con su precioso vestido blanco hacia el salón de actos del centro, donde tiene lugar un ensayo general orquestado por un profesor (Aurélien Gabrielli). Mientras se suceden los bailes y las canciones (Le temps est assassin de Véronique Sanson, Sur mon cou de Jean Genêt), Daniel, que se ha unido al grupo, no termina de asimilar la extraña conmoción que le ha provocado su encuentro con Marthe…

Daniel fait face es una emocionante crónica de las incertidumbres de la infancia, que consigue inyectar poesía en el realismo para mostrar a través de simples miradas y pequeños gestos el poder de las emociones que surgen detrás de las máscaras indecisas de esa edad. La película destila una música humilde y delicada, a la altura de sus personajes, que se apodera del espacio de la escuela y de la dimensión sonora para mostrar la sensibilidad de una directora cuya evolución seguiremos con interés.

Daniel fait face ha sido producida y vendida por bathysphere.

(Traducción del francés)

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