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BERLÍN 2019 Competición

Crítica: Mr. Jones

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- BERLÍN 2019: Agnieszka Holland presenta una buena película que relaciona a Orwell con la interesante historia del único periodista que denunció la debacle del régimen estalinista

Crítica: Mr. Jones
James Norton en Mr. Jones

Conocemos muy poco la historia del galés Gareth Jones, un joven consejero de política exterior de Lloyd George que se convirtió en la primera persona en entrevistar a Adolf Hitler a bordo de un avión. En el invierno de 1933 inició una investigación en la Unión Soviética, enfrentándose a toda tentativa de ser reducido al silencio o de que sus testimonios fuesen desmentidos, para publicar en los periódicos el horror de Holodomor, la terrible hambruna que diezmó a millones de ucranianos, prueba fehaciente y mortal de que el sistema modelo encarnado por Stalin, tan enaltecido por la propaganda y la censura a nivel nacional e internacional, era un cruel naufragio.

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Esta es la historia que relata Agnieszka Holland en Mr. Jones [+lee también:
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, que compite en la 69ª edición del Festival de Berlín, dos años después de haber obtenido el Oso de Plata – Premio Alfred Bauer con El rastro [+lee también:
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. La directora se basa en la hipótesis de que la valentía de Jones inspiró Rebelión en la granja, de George Orwell (Joseph Mawle), que sirve de hilo conductor al guión de Andrea Chalupa, mientras él escribe la famosa novela cuyo prefacio original criticaba abiertamente la autocensura que practicaba la prensa británica con el “aliado” soviético. La “némesis” de Jones (James Norton) es Walter Duranty (Peter Sarsgaard), un enviado del New York Times a Moscú, a sueldo de Stalin. Un personaje bastante actual que representa la cobardía, la corrupción de los medios de comunicación y el poder de la desinformación.

Después de un prólogo británico donde vemos la negación del gobierno frente a las advertencias premonitorias de Jones sobre Hitler, presenciamos un largo viaje en tren a Moscú que se concentra en el efecto de sonido magistral y atronador del desplazamiento de raíles (que reproduce la larga red de teléfono construida anteriormente para escuchar las conversaciones). El viaje da paso al universo perfectamente diseñado por las autoridades soviéticas para los reporteros extranjeros. Es un mundo suntuoso, de fiestas, lujo y banquetes garganturescos que representan la única imagen de la URSS que los periodistas están autorizados a ver y a describir en sus artículos.

Con esta opulencia y alboroto evitan la miseria y el silencio de la muerte (y de su propio estancamiento) que Gareth Jones descubre en la segunda mitad de la película, donde su piel lisa y su buen aspecto darán paso a una piel agrietada y gris. En efecto, abandona el lujo que quieren mostrarle para lanzarse al frío helado del invierno ucraniano, arriesgando su propia vida, en un país vacío que es la misma muerte, para descubrir los cadáveres azules de los muertos por hambre y frío que se amontonan en espantosos coches fúnebres (hasta un bebé termina en la pila, moribundo, junto a su madre muerta). Jones verá cómo se amontonan a su alrededor las caras azules y demacradas de personas dispuestas a comerse a sus difuntos padres, caras que continuarán atormentándolo hasta el final de la película, cuando vuelve a Gran Bretaña para hacer oír, por deber moral, una palabra que se quiere acallar, pero cuyo eco permanece hasta el final de la película, debido al buen trabajo del sonido.

La película es impecable a efectos técnicos, aunque un poco clásica y larga; pero la historia que cuenta es tan interesante y la indignación que resulta del descenso de Jones al horror (proceso descrito por Holland como un pasaje por los diferentes círculos del infierno) es tan sofocante que no olvidaremos con facilidad lo que él vio en Ucrania.

Mr. Jones es una coproducción entre Film Produkcja (Polonia), Crab Apple (Reino Unido) y Kinorob (Ucrania). WestEnd gestiona los derechos internacionales.

(Traducción del francés)

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