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CINÉMA DU RÉEL 2019

Crítica: Campo

por 

- Tiago Hespanha presenta un documental fascinante, directo y sutil, que mezcla la vida cotidiana en una base militar con la mitología, la naturaleza y la ciencia

Crítica: Campo

“Para memorizar sus acciones, los hombres inventaron las historias y con el tiempo, estas historias se transformaron en recuerdos, hasta que empezó a costarles distinguir la realidad de la ficción”. Con Campo [+lee también:
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, su segundo largometraje documental (y el primero en solitario después de Revoluçao Industrial, codirigido con Frederico Lobo), que compite en la 41ª edición del festival Cinéma du Réel, el cineasta portugués Tiago Hespanha ha dirigido con éxito una obra ambiciosa y a la vez conceptual y realista, intelectual y prosaica, sofisticada y simple.

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Con una habilidad notable (que, sin embargo, necesita un poco de apertura de espíritu, paciencia y gusto por la mirada del espectador), el director teje vínculos entre dos estratos distintos, un microcosmos y un macrocosmos: soldados que realizan maniobras nocturnas, corderos en la bruma, paracaídas que descienden del cielo, una hecatombe mundial de abejas que acecha a los apicultores, mitología griega (principalmente, el Prometeo de Franz Kafka), Sonidos de la Tierra (una especie de mensaje en una botella, enviado al espacio en 1977, con sonidos e imágenes de la Tierra y de sus habitantes que fueron seleccionados, entre otros, por el astrofísico Carl Sagan) y un ornitólogo que hace una lista de sus aves y pone en práctica su carnet de tiro.  

La acción se desarrolla en la base militar portuguesa de Alcochete, al sur de Lisboa. 7599 hectáreas de naturaleza salvaje donde las fuerzas armadas (pequeñas unidades de soldados de infantería hacen simulacros en el bosque con aviones de caza que rugen a lo lejos, explosiones diversas, tanques, jeeps; y hasta las familias residentes en el lugar oyen el ruido de las metralletas, que interrumpen el silencio nocturno) cohabitan con la fauna y la flora. Sobre las secuencias que describen con minuciosidad este universo rodeado de guerra y paz, el director superpone un discurso donde los mitos evocan a los dioses y los hombres entran en contacto con los avances tecnológicos, la creación del mundo a través de Rapports du premier vol humain dans l’espace de Yuri Gagarin, del relato del robo del fuego por parte de Prometeo y de las primeras exploraciones cartográficas impulsadas por los reyes, hasta la toma de conciencia de los límites del campo (el campo del título), tanto físico como metafísico, visual y perceptivo, a escala humana y planetaria. 

Campo es descriptiva (las rutinas militares), poética (“una partícula de polvo suspendida en un rayo de sol”), filosófica y, a veces, cruda (el vano intento de separar a una oveja de un cordero que ha nacido muerto). Es una película sorprendente y muy personal, que fluye con libertad sin imponer personajes recurrentes, y teje con destreza los ecos entre la proximidad y la distancia. Con un enorme trabajo de sonido y una gran variedad de encuadres (muy bonitos) y de ideas de puesta en escena, la película (que no convencerá a los alérgicos a la voz en off) se desarrolla con tranquilidad, como un cuadro de amplias dimensiones, y termina con un plano espectacular, un broche de oro de gran belleza para un documental de gran calidad, que se sale de lo ordinario y que ofrece a sus espectadores la posibilidad de, si lo desean, ampliar su “campo” de reflexión.

Campo ha sido producida por  Terratreme Filmes, que también gestiona las ventas internacionales. 

(Traducción del francés)

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